jueves, abril 25, 2013

Noticias del Frente Patrimonial 072

¿Tiene salvación la Iglesia?, nuevo libro de Hans Küng en España


Teologo Hans Kung, crítico papal y reformador eclesial

El Trastevere José Martínez de Velasco

Posted on by trastevere

Para el teólogo la Iglesia católica atraviesa la más profunda crisis de confianza desde la Reforma… Benedicto XVI, considera, desaprovechó la gran oportunidad de hacer del Concilio Vaticano II la brújula de la Iglesia también en el Vaticano, de implementar con valentía sus reformas.
Observando los grandes eventos masivos, precisamente con ocasión de los viajes del papa, podría pensarse que en esta Iglesia todo funciona de maravilla. Pero la pregunta decisiva es: ¿cuánto tiene esto de fachada y cuánto de sustancia? En cualquier caso, sobre el terreno las cosas presentan otro aspecto.
En modo alguno subestimo el inmenso trabajo que se lleva a cabo sobre el terreno en las parroquias y comunidades del mundo entero: el tenaz compromiso pastoral y social de innumerables sacerdotes y laicos, varones y, sobre todo, mujeres. A lo largo de mi vida he conocido sin cesar a muchos testigos de la fe así de fidedignos… Pero ¿quién se lo agradece?
Cuánto me apena ver en ocasiones ante mí tan sólo a unas cuantas decenas de fieles en la eucaristía dominical en mi parroquia de origen, donde en décadas anteriores siempre encontraba el templo lleno. Sin embargo, esto no se debe solo, como una vez y otra afirma Roma, a la creciente secularización sino también a una nefasta evolución intraeclesial de la que hay que responsabilizar a Roma. Todavía existen en algunos lugares grupos activos de jóvenes y una vigorosa vida parroquial, sostenida por intrépidos varones y mujeres de la comunidad. No obstante, la Iglesia parece estar desapareciendo crecientemente de la conciencia de la generación más joven. Ya ni siquiera se enfada la gente por el poco realista retraso de la jerarquía en tantas y tantas cuestiones de moral y dogma. No existe interés por la Iglesia, que ha perdido todo significado para la vida de muchos jóvenes. Pero en el Vaticano apenas se percatan de esto. Allí se hace ostentación de números cada vez mayores de peregrinos, aun cuando muchos de ellos son simplemente turistas, y las Jornadas Mundiales de la Juventud se consideran representativas de “la juventud”.
Karl Rahner murió en invernal resignación en 1984, sin haber vivido una nueva primavera de la Iglesia bajo un nuevo papa. ¿Qué diría él sobre la situación de la Iglesia veinticinco años después? Es una amarga realidad: nuestra común esperanza en un Juan XXIV no se ha cumplido.

Madrid, 14 de abril de 2013 (por Trastevere).- ¿Tiene salvación la Iglesia?, el libro del teólogo alemán Hans Küng publicado en el 2011 tras las segundas Jornadas Eclesiales Ecuménicas, celebradas en la ciudad alemana de Múnich en mayo de 2010, ha sido traducido al castellano y publicado por la editorial Trotta en España coincidiendo con la renuncia de Benedicto XVI al pontificado. Por lo tanto, el libro se centra en un análisis de la situación de deterioro progresivo que ha venido sufriendo la Iglesia católica en los últimos papados, desde Pablo VI hasta los finales del pontificado del papa alemán, en un momento en que, como describe Küng, frases tan amargas, llenas de enojo y desesperación, como “así no pueden seguir las cosas en nuestra Iglesia”, “los de arriba, los de Roma, se van a cargar la Iglesia entera”, pudieron oírse a menudo durante 2010, de forma especialmente impresionante en dichas segundas Jornadas Eclesiales Ecuménicas.

El teólogo asegura en la introducción al libro de Trotta que hubiese preferido no escribir este libro. “No es agradable dedicar a la Iglesia que sigue siendo la mía una publicación tan crítica como esta. Me refiero a la Iglesia católica, a la mayor, más poderosa, más internacional y posiblemente también más antigua Iglesia, cuya historia y destino influyen asimismo en todas las demás Iglesias. Habría querido dedicar mi tiempo a otras cuestiones y proyectos más apremiantes, que figuraban en mi agenda. Pero el rumbo restauracionista imprimido por la Iglesia católica en las tres últimas décadas por los papas Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger, con sus nefastas -y para el conjunto de la ecúmene cristiana, crecientemente dramáticas- repercusiones, me obliga a adoptar de nuevo el papel de crítico papal y reformador eclesial, un papel que, aparte de que en modo alguno me resulta agradable, a menudo eclipsa otros aspectos de mi obra más importantes para mí.

En la actual situación, añade, no puedo permanecer callado: llevo décadas llamando la atención -con éxito variable y, entre la jerarquía católica, más bien moderado- sobre la gran crisis de la Iglesia católica, que es, de hecho, una crisis de gobierno de la Iglesia. Solo con la revelación de los innumerables casos de abusos a menores por parte del clero católico, que durante décadas fueron encubiertos por Roma y los obispos, se ha hecho visible para el mundo entero esta crisis como una crisis sistémica que requiere una respuesta teológica fundada. Los actos multitudinarios del papa y sus viajes (organizados ya como peregrinaciones, ya como visitas de Estado, según el caso), por muy grandiosa que sea la puesta en escena, no logran hacer olvidar la permanente crisis, como tampoco lo consiguen las múltiples circulares y campañas publicitarias. La crisis se manifiesta en los cientos de miles de abandonos de la Iglesia católica registrados solo en Alemania durante los últimos tres años, así como en el creciente distanciamiento del pueblo respecto de la institución.
Hans Küng asegura que no habría escrito el libro si:
Se hubiese cumplido la esperanza de que el papa Benedicto, en el espíritu del Concilio Vaticano II, iba a mostrar a nuestra Iglesia y al cristianismo en su conjunto un camino hacia adelante. Concebí esta esperanza a raíz de la amistosa conversación personal que en 2005 sostuve durante cuatro horas en Castelgandolfo con mi antiguo compañero de la Universidad de Tubinga. Pero Benedicto ha proseguido con testarudez el camino de la restauración emprendido junto con su predecesor, se ha distanciado del concilio y de numerosos sectores del pueblo cristiano en algunos puntos importantes y ha fracasado a la hora de afrontar el problema de los abusos a menores por parte de clérigos del mundo entero.
Si los obispos, asumiendo de verdad la responsabilidad colegial sobre el conjunto de la Iglesia que les reconoce el concilio, se hubiesen manifestado al respecto de palabra y obra. Pero bajo el dominio de la pareja Wojtyla-Ratzinger la mayoría de ellos se han convertido de nuevo en fieles ejecutores de las órdenes del Vaticano, sin mostrar perfil ni responsabilidad propios: su respuesta a los más recientes desarrollos eclesiales han sido asimismo dubitativa y poco convincente.
Si los teólogos se hubiesen opuesto antes vigorosa, conjunta y públicamente a la nueva represión de Roma y a su influencia en la elección de las nuevas generaciones de profesores e investigadores en las facultades de Teología y en los seminarios. Pero la mayoría de los teólogos católicos temen con razón abordar de forma crítica y libre de prejuicios temas tabú de dogmática y moral y ser censurados y marginados a causa de ello. Sólo unos pocos se atreven a apoyar el reformista movimiento de Somos Iglesia. Y tampoco por parte de teólogos y líderes eclesiásticos protestantes reciben suficiente respaldo, ya que muchos de estos restan importancia a tales demandas como problemas meramente intracatólicos y, en la práctica, anteponen las buenas relaciones con Roma a la libertad del cristiano. Al igual que en otros debates públicos, la propia teología ha desempeñado un papel menor en las recientes controversias sobre la Iglesia católica y otras Iglesias, desaprovechando así la oportunidad de reivindicar con decisión las tan necesarias reformas.

Una Iglesia gravemente enferma

Según sostiene Küng la Iglesia católica está gravemente enferma, padece el sistema de dominación romano que, contra toda resistencia, se consolidó durante el siglo XX y perdura hasta la fecha. Este sistema de dominación -dice- se caracteriza por el monopolio del poder y la verdad, por el juridicismo, el clericalismo, la aversión a la sexualidad y la misoginia, así como por el empleo espiritual-antiespiritual de la violencia. No es el único, pero sí el principal responsable de los tres grandes cismas del cristianismo: el primero, entre la Iglesia de Occidente y la de Oriente en el siglo XI; el segundo, en la Iglesia de Occidente entre la Iglesia católica y la protestante en el siglo XVI; y el tercero, en los siglos XVIII y XIX entre el catolicismo romano y el mundo ilustrado moderno.

Del siglo XI en adelante, explica el teólogo alemán, el ministerio petrino se fue transformando cada vez más en un papado monárquico-absolutista que ha dominado la historia de la Iglesia católica, llevando a las tensiones ecuménicas. El poder intraeclesial del papado, creciente sin cesar a pesar de sus reiteradas derrotas políticas y culturales, representa el rasgo decisivo de la historia de la Iglesia católica. Desde entonces, los puntos neurálgicos de la Iglesia católica no son tanto los problemas de la liturgia, la teología, la piedad popular, la vida religiosa o el arte cuanto los problemas de la constitución de la Iglesia, analizados de forma demasiado poco crítica en las tradicionales historias católicas de la Iglesia.

La fracasada política de restauración

No deja de resultar llamativo -señala Küng en otro capítulo de su libro- que incluso contemporáneos nuestros que no se sienten pertenecientes a la Iglesia e intelectuales estetizantes se dejen deslumbrar por el cada vez más intenso despliegue barroco de suntuosidad y las mediáticas escenificaciones litúrgicas con que en Roma quieren producir la impresión de una Iglesia fuerte y de un papa indiscutido. Pero todo ese boato sagrado no puede hacer olvidar que, considerada en conjunto, la política restauracionista de Juan Pablo II y Benedicto XVI ha fracasado. Las apariciones, viajes y documentos doctrinales de uno y otro papa no han conseguido modificar la opinión de la mayoría de los católicos en cuestiones controvertidas aproximándola a la doctrina romana. Ni siquiera los encuentros papales con los jóvenes, a los que acuden sobre todo grupos carismáticos conservadores y que son fomentados por organizaciones tradicionalistas, han logrado frenar la hemorragia de abandonos de la Iglesia ni despertar un mayor número de vocaciones sacerdotales.

La recién descrita consunción de la Iglesia ha progresado mucho en las tres últimas décadas. Pero en gran parte, explica Hans Küng, ha sido asumida como un destino inexorable, rezongando y lamentándose, sin duda, pero en último término desde la sumisión a Dios y al papa. Solo la acumulación de indignantes escándalos sexuales del clero ha terminado sobresaltando a la opinión pública mundial, sobre todo en los abusos a miles de niños y jóvenes por parte de clérigos en Estados Unidos, Irlanda, Bélgica, Alemania y otros países, todo ello asociado a una inaudita crisis de liderazgo y confianza.

Para el teólogo, no se debe silenciar el hecho de que el sistema de encubrimiento de delitos sexuales de clérigos vigente durante años en el mundo entero estuvo dirigido por la romana Congregación para la Doctrina de la Fe, que el cardenal Joseph Ratzinger presidió entre 1981 y 2005 y que ya en tiempos de Juan Pablo II se hacía cargo bajo máximo secreto de este tipo de casos. Todavía el 18 de mayo de 2001 envió Ratzinger a todos los obispos una carta formal sobre delitos graves (Epistula de delictis gravioribus). En ella, los casos de abusos se ponen bajo secretum pontificum, cuya violación puede acarrear severas penas eclesiásticas. Esta circular no ha sido retirada hasta la fecha.

Entonar un mea culpa

Por eso, afirma Küng, muchos exigen al antiguo prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe que entone un mea culpa. Pero, por desgracia, dejó pasar la oportunidad de hacerlo en la Semana Santa de 2010. En lugar de ello, dispuso que al comienzo de la misa solemne del domingo de Pascua de ese año, en una ceremonia penosa como nunca, el decano del colegio cardenalicio, el cardenal Angelo Sodano, antiguo secretario de Estado del Vaticano, atestiguara urbi et orbi su inocencia. Justamente Sodano había sido objeto de crítica pública a causa de embarazosas implicaciones personales en el tema. Es verdad -añade el teólogo- que el papa ha lamentado reiteradamente los casos de abusos; sin embargo, al igual que numerosos obispos, ha optado por el silencio en lo que concierne a su propia responsabilidad. Tampoco en el libro Luz del Mundo se posiciona respecto a su papel en esta historia. No es casualidad, sino algo condicionado estructuralmente.

En el capítulo V de su libro, que titula Una gran operación de salvamento: la reforma y la modernidad asumidas tardíamente y solo a medias, Hans Küng se pregunta sobre cómo salvar la Iglesia y hace un breve análisis de los pontificados que arrancan con León XIII hasta nuestros días. Habla de la reanimación de la Iglesia con Juan XXIII y los cambios de paradigma que supuso el Concilio Vaticano II, para llegar a la restauración de Pablo VI, en vez de la necesaria renovación; a la recaída en la constelación preconciliar que supuso el papado de Juan Pablo II, y no olvida reflexionar sobre el escándalo de Marcial Maciel, los milagros y la inflación de santos del pontificado que terminaría con la aclamación de “santo subito” tras su fallecimiento en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Estaba previsto, recuerda el teólogo, que Juan Pablo II fuera beatificado el 16 de octubre de 2010, en el trigésimo segundo aniversario de su elección como papa. Pero cinco años después de su muerte aparecieron en el Vaticano, a pesar de todo, dudas relacionadas con la crisis de los abusos a menores por parte de clérigos… Con este papa, sentencia Küng, la fidelidad de vasallaje parecía disculpar todo fracaso y todo delito… La respuesta en extremo vacilante a los escándalos sexuales y, en especial, el fracaso en el caso Maciel son considerados por los entendidos la verdadera razón de que en el Vaticano surgieran dudas respecto al santo subito. Bajo Juan Pablo II, afirma el teólogo citando a H. Oschwald, “los rústicamente combativos Legionarios de Cristo pasaron a contarse, junto al elitista Opus Dei, entre los enchufistas más poderosos en el aparato de la Curia. Unos y otros eran ricos y ayudaron generosamente al pontífice. Juan Pablo II nunca se cansaba de ensalzarlos, a ellos y a otras organizaciones semejantes, como ‘primavera’ y ‘esperanza’ de la Iglesia, aunque sabía de los casos concretos de abusos a menores en los que estaba implicado Maciel. Wojtyla calló y bloqueó la investigación”.

Así y todo, prosigue su análisis y diagnóstico Küng, Karol Wojtyla fue beatificado el 1 de mayo de 2011, aunque el acreditado milagro de curación necesario para la beatificación, que se atribuye a la intercesión del papa polaco, es sumamente controvertido. Pues los médicos dudan de que la religiosa francesa que se supone que se curó inexplicablemente de Parkinson a poco de la muerte de Juan Pablo II padeciera jamás esa enfermedad.

La visión de Küng para salvar la Iglesia

Como conclusión del libro, el teólogo alemán responde a la pregunta del título del mismo “¿Tiene salvación la Iglesia?”, respondiendo con la misma síntesis que ya había realizado anteriormente y que, en su opinión, es una visión que no solo vale para la Iglesia católica y que se ha confirmado una y otra vez en años pasados, motivo por el que no ve razón alguna para apartarse de ella:
No es posible salvar una Iglesia que, vuelta hacia el pasado, siga enamorada de la Edad Media, la época de la Reforma o incluso la Ilustración. Pero una Iglesia orientada hacia los orígenes cristianos y concentrada en las tareas actuales sí puede sobrevivir.
No es posible salvar una Iglesia que se halle patriarcalmente comprometida con imágenes estereotipadas de la mujer, con un lenguaje exclusivamente masculino y con roles de género definidos de antemano. Pero una Iglesia igualitaria que anude ministerio y carisma y acepte a mujeres en todos los ministerios eclesiásticos sí puede sobrevivir.
No es posible salvar una Iglesia que, ideológicamente constreñida, se entregue al exclusivismo confesional, la arrogancia ministerial y la negación de la comunidad. que puede sobrevivir, sin embargo una Iglesia ecuménicamente abierta, que practique el ecumenismo hacia dentro y que a las múltiples palabras ecuménicas haga seguir, por fin, hechos ecuménicos, como el reconocimiento de los ministerios, la revocación de todas las excomuniones y la plena comunión eucarística.
No es posible salvar una Iglesia eurocéntrica que defienda la exclusividad cristiana y el imperialismo romano. Lo que sí puede sobrevivir, en cambio, es una tolerante Iglesia universal que cultive el respeto a la verdad -siempre mayor- y que, por consiguiente, procure aprender de otras religiones y conceda una mesurada autonomía a las Iglesias nacionales, regionales y locales. Y que, a consecuencia de esto, también ella sea respetada por los seres humanos, tanto cristianos como no cristianos.

¿Tiene salvación la Iglesia?. No he perdido la esperanza de que la Iglesia sobrevivirá. Finaliza Küng su libro.

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La libertad de los campesinos y de los obreros les pertenece y no puede ni debe sufrir restricción alguna. Corresponde a los propios campesinos y obreros actuar, organizarse, entenderse en todos los dominios de la vida, siguiendo sus ideas y deseos. (Ejercito Negro Makhnovista, Ucrania, 1923).