lunes, abril 16, 2012

Noticias del Frente Sensorial 082

El dolor y la muerte
Tanatología comparativa de la agonía del Cardenal Luis Aponte Martínez





Cardenal Luis Aponte Martinez, qepd

Por Amber Lee Vélez Burr, 80grados.net, San Juan, Puerto Rico, 13 de Abril de 2012


Cuando encendí el noticiario vespertino de las 5 quedé aturdida. Un canal local había asignado a 5 reporteros a cubrir la noticia del fallecimiento del Cardenal Luis Aponte Martínez. Todos los ángulos cubiertos. Sólo un detalle me aturdía un poco. Tardó varias horas en asentarse su sentido pero llegó: se informaba que el Cardenal había “pedido” un sedante, y que fue al filo de las 4 de la mañana que su cuerpo dejó de respirar.

De ese momento a esta parte comencé a hacer una tanatología comparativa de la agonía del Cardenal y la de Jaime, uno caudillo de la fe de muchos, el otro, libre pensador y cabecera del amor patrio y familiar de los Vélez de Bayamón y Ciales.

El sedante del Cardenal captó mi atención tras la experiencia que acababa de vivir con Jaime, mi tío, que era realmente un padre para mí, y a quien tuve el honor y el dolor de acompañar en la semana más dura de su vida –y la nuestra–, en su lecho de muerte durante Semana Santa. Los aspectos que aquí analizaré giran en torno al acceso que uno y otro tuvo a morir como “como vivió”, a cumplir su voluntad en momentos de etapa terminal o crónica y a múltiples elementos de debate que la sociedad puertorriqueña debe atender en aras de no confundir conceptos como la eutanasia, el sufrimiento desmedido e innecesario, el dolor añadido y el acceso desigual de los poderosos a mejores circunstancias de abandonar los cuerpos que habitan.

Los casos Vélez y Aponte


Jaime Vélez, un arqueólogo de 57 años, fue diagnosticado con un agresivo cáncer cerebral desde enero de 2011 y desde entonces se sometió a quimioterapia, radioterapia y otros tratamientos alternativos fuera del país. Las estadísticas le decían que sólo el 28 por ciento de los pacientes con esta enfermedad sobrevivían al primer año luego del diagnóstico, mientras que ínfimamente un 1 por ciento lo hacía el segundo o tercer año. Había que intentarlo todo.

En el avance del pulpo maligno que habitaba su corteza cerebral, él y nuestra familia experimentamos un sinnúmero de instancias “raras” del ser humano, pero que se resumen en la simpleza del concepto del “fallo” de múltiples funciones de su cuerpo y mundo cognitivo. Digamos que en cosa de dos meses Jaime, de estar en pleno disfrute de caminar y hablar, cayó súbitamente en silla de ruedas, en cama, hasta que, al igual que el Cardenal, dejó de reaccionar y reconocer, perdió la vista, la palabra, y más tarde experimentó convulsiones y posiblemente muerte cerebral.

Del lado de Aponte Martínez, busqué y llegué a rescatar varios reportes de su salud que databan desde el mes de enero pasado. Así supe cosas, como que era sobreviviente de cáncer y que tenía 89 años y problemas de hemoglobina. También supe que el máximo líder de la Iglesia Católica en Puerto Rico llevaba teniendo altas y bajas de salud durante el pasado año y medio.

El caso es que ambos agonizaban en plena Semana Santa. Entonces, el sedante del Cardenal trajo consigo el asunto de que sin duda alguna sus médicos se sintieron libres de administrarle el medicamento que aminorara su dolor en etapa con escasas posibilidades de recuperación, cosa que fue negada en el caso de Jaime, más allá de los parchos de morfina, a los cuales su cuerpo se “acostumbró” tanto, al punto de quedarse cortos en aliviar su dolor.

En la situación de Jaime los médicos, con notable incomodidad e impotencia, alegaron que no se le podía suministrar sedante alguno pues ya en su avanzado estado de dificultad respiratoria, el mismo surtiría un efecto tal que podría catalogarse como eutanasia, práctica que hasta el momento permanece ilegal en Puerto Rico y arropada por un manto de mutis, como tabú.


Pero, la diferencia entre Jaime y el Cardenal era, entre otros aspectos, que la medicina convencional se había dado por vencida con Jaime hacías ya tres meses. En contraste, con el Cardenal la medicina dio su batalla hasta el último momento, lo acompañó. Hay quienes podían aventurarse a esperar un milagro en el caso del Cardenal, pero los menos podían esperar lo mismo para Jaime. Hacerlo era en efecto alimentar la negación que produce la inminencia de un la partida de un ser querido.

Entre las similitudes está que ambos renunciaron a que les realizaran procedimientos de resucitación u otros invasivos, pues ambos reconocían que cada vez más su lugar se alejaba de este ámbito material en el que nos desenvolvemos. También los dos preferían permanecer en sus casas hasta el momento de su partida, lo cual no le fue posible al Cardenal pues tengo entendido que su familia se vio obligada a llevarlo al Auxilio Mutuo.

Jaime siempre fue un tipo bien claro. En más de una ocasión habló conmigo y otras tantas con su esposa para decirnos que él no le tenía miedo a la muerte y que si fuera por él accedía a acabar el sufrimiento de todos marchándose de forma práctica y definitiva. También sabía que vivía en una sociedad que lo juzgaría –a él y a su familia-, dado la fe religiosa imperante y el fundamentalismo cristiano de algunos, que logran dejar inmóviles de miedo a quienes debería legislar para hacer justicia a los ciudadanos con cáncer, por ejemplo, y que se encuentran en etapa avanzada, al punto de dejar de ser quienes fueron y convertirse en una masa adolorida sin posibilidades de recuperación, ni comunicación. En fin, en un cuerpo en el que me aventuro a pensar que hasta el espíritu ha abandonado antes de su expiración.

El excelentísimo Luis Aponte Martínez, según informes, no reaccionaba ni reconocía. Sin embargo, ante alegados gestos de dolor, y quizás también a solicitud, le administraron sedantes que amortiguaron su agonía. En el Barrio Guaraguao Arriba de Bayamón, la historia era otra. Allí asistimos a un vía crucis, amén de cargar en hombros el miedo de unos y la hipocresía de otros ante la muerte.


Acá en casa de Jaime, la agonía comenzó desde el día del diagnóstico. Sin embargo, la cosa se puso mala el último mes en el que dejó de comer, habiendo perdido ya 80 libras. Y luego de varias convulsiones, los últimos tres días fueron de pesadilla. Nos preguntábamos si había algo que pudiéramos hacer para ayudarlo a sobrellevar su dolor, y le preguntábamos a los médicos por algo como un sedante, que lo hiciera descansar un tanto. Ellos guardaban silencio, seguramente pensando en las múltiples opciones existentes en un lado de la balanza, y en el otro su licencia de médico pendiendo de un hilo, o lo que “es correcto” dentro del sentido común cristiano. “Nada, no se puede hacer nada, un sedante caería en eutanasia”, respondían. Y uno de ellos, en su intento por dar aliento y justificar el vía crucis, nos soltó: “Hay que dejar que el de arriba diga cuándo ese corazón y pulmones van a dejar de funcionar. Esto es lo que Jaime pidió, hay que respetar lo que Jaime quiso”.

Tomé aire y me erguí. Lo miré a los ojos como tirándole un arponazo penetrante que lo obligara a interpretar mis córneas. Y le dije que Jaime lo único que había pedido era que no lo lleváramos a más hospitales, que quería morir en su casa y que no quería entubación de ninguna clase ni resucitación. Le espeté también que en efecto eso, eso que estaba experimentando Jaime en ese momento tétrico, nunca le había pasado tan siquiera por la mente. Su esposa introdujo un “eso no es humano”. Y yo la corregí aclarando que en efecto eso era humano, sí, que le ocurría a un cuerpo humano y que éramos humanos los que estábamos alrededor viéndolo y no haciendo nada para ayudarlo. Que eso es tan humano como la solidaridad y ayuda que yo insistía en hacerle llegar. Entonces el médico, bastante aturdido, finalizó diciendo que “ese cuerpo después va a forense y ahí es que puede haber problemas, eso sería eutanasia”.

¿Es un sedante una eutanasia?

De ese argumento la conversación no se movió un ápice. Quedaba claro que el joven médico no iba a intervenir en el asunto, quien sabe si por convicción, o por temor a errar ya fuera en la ética, la medicina o en la fe. Pero, ¿acaso los médicos del Cardenal no sintieron el mismo temor?

¿Quién nos asegura que dentro de la línea fina que existe en la asistencia de la medicina en la muerte del Cardenal no se cruzó la línea de la eutanasia? ¿Cómo definimos la eutanasia? ¿Cómo se administra en Puerto Rico, y quienes tienen acceso a ella? ¿Acaso eso de eutanasia es un concepto confuso que hipócritamente lo dejan fuera de la discusión pública, pero que en la intimidad de un cuarto de hospital o de la casa de los poderosos sea algo bastante habitual? En mi opinión uno no tendría que tener ningún motivo para estarse haciendo estas preguntas, pero lamentablemente, ante la tanatología comparativa de ambos casos, los motivos saltan a la vista.

Nadie niega que tanto el Cardenal como Jaime sufrieron. El punto es que uno tuvo el beneficio del sedante y el otro no. Que el Cardenal creía en Dios y sus milagros, pero a la hora de enfrentar la muerte su cuerpo pudo ser inducido a unas disminuciones del ritmo cardíaco que lo colocaran en mayor riesgo de muerte que si no lo sedaban. En cambio Jaime, libre de dogmas, era un ser espiritual pero práctico (al parecer otra similitud con el Cardenal), con la diferencia de que, contrario al Cardenal, tuvo que cargar con el pesado tabú, la pesada fe en los milagros y la abultada e imperante “voluntad del de arriba” que socialmente aquí termina por, en momentos de muerte, meternos a todos en un dogma del cual el Cardenal nos dio respuestas reveladoras.


La experiencia acertada del Cardenal y su familia, de aminorar el dolor en la etapa terminal, nos comunica muchas cosas. Que nada tiene que ver la eliminación del dolor añadido en tiempos de muerte, con el dogma que él promovió. Que se puede creer en Dios y a la vez ser piadosos con un cuerpo y un ser que se separan en medio de escenarios de dolor y sufrimiento estériles, o que sólo producen la sensación de estar viviendo en los años treinta, y que a pesar de poner un hombre en la luna y descubrir océanos en Marte, mantenemos un nivel de ignorancia colosal que nos hace agonizar a uno justo en la cara del otro, por no tener la madurez de debatir asuntos puramente naturales, que nos conciernen a todos.

Con esto se abren muchas vías de discusión, máxime cuando las estadísticas nos dicen que en poco tiempo uno de cada tres puertorriqueños tendrá algún tipo de cáncer.

Eso sí, a veces nos apresuramos a comprar brazaletes para contribuir en “la lucha contra el cáncer”, cosa necesaria, sin duda, y por ello, bienvenido sea el gesto. Pero lo que se necesita además de eso es un debate público que no sentencie a los pacientes que ya lo padecen (o que padecen de otras enfermedades terminales) a mayores dolores, estigmas y juicios, que sólo proceden del miedo, y no de la esperanza de renacimiento que muchos identifican en los procesos de muerte. Es hora de tomar el toro por los cuernos y dejar atrás la hipocresía de unos y otros ante la muerte. Lo correcto debería ser lo correcto para todos, sin importar creencias, todos deberíamos coincidir en que todos tenemos que aportar nuestro granito de arena por lograr para nuestros seres queridos -y para nosotros mismos en una eventualidad-, que podamos morir a la altura de los valores más sublimes que se le atribuyen a los dioses, pero que son tan humanos como nosotros: amor, piedad y hermandad. Nadie debería estar cargando el peso de creencias extremistas que nos aplasten con más fuerza en momentos de muerte.

Monseñor Mario Guijarro, quien acompañó al Cardenal en su más reciente hospitalización recalcó que él estuvo luchando “hasta el fin, con las botas puestas”.


Yo digo que Jaime sigue luchando también a través de mis botas y de todas las botas que dentro tengan un corazón repleto de humanidad y hermandad. Al fin y al cabo, intuyo que las botas del Cardenal, las de Jaime y las mías, son las botas de todos.

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La cultura de la venganza




Cronos derrota a su padre Urano, el dios griego del cielo.

Por Arturo Viloria, Opinion (Madrid), 13 de abril, 2012

El origen de la venganza como comportamiento se puede rastrear muy lejos, en los mitos, especialmente en los que tienen su origen en Oriente Medio.

Los dioses se muestran en ellos como vengadores, y la venganza quedó consagrada a los ojos de los hombres. Precisamente es la venganza la acción que permite el nacimiento del orden establecido, donde queda establecida la jerarquía de los dioses y el orden del universo. Así, en el “Enuma Elish”, mito de génesis de la cultura babilonia se dice:

“Oh Marduk, tu eres realmente nuestro vengador, te hemos otorgado la soberanía, sobre todo el universo. Cuando te sientes en la asamblea, tu palabra será suprema. Tus armas no fracasarán: aplastarás a tus enemigos…

Le entregaron el cetro, el trono y el palo y le dieron el arma sin rival, que rechaza a los enemigos: Vete y quita ala vida a Tiamat, ¡ Que los vientos lleven su sangre a lugares secretos.”

Después de este acto de venganza, Marduk ocupa el lugar central del panteón de Babilonia, y con los restos de Tiamat crea la tierra. En los mitos raíces de la cultura helénica, también podemos rastrear este comportamiento, cuando Cronos mata a su padre Urano en venganza por sus hermanos asesinados y alentado por su madre, como narra Hesíodo en la “Teogonía”.


Hijos míos y de orgulloso padre. Si queréis obedecerme, vengaremos el malvado ultraje de vuestro padre, pues el fue el que comenzó a maquinar obras indignas. Así dijo y de todos se apoderó el temor, de modo que ninguno se atrevió a contestar; pero el poderoso Crono, astuto, cobrando ánimo, al punto respondió a su respetable madre. Madre, te prometo que puedo realizar este trabajo, puesto que no siento preocupación alguna por nuestro odiado padre, ya que fue el primero en maquinar obras indignas…

La venganza está presente en muchas de las producciones culturales del mundo, pero especialmente en la civilización occidental, heredera de las civilizaciones babilónica y greco-romana. Está en las narraciones de héroes míticos, como Aquiles y Eneas en la Ilíada y la Eneida. Está en himnos nacionales de países que se fundaron sobre la revancha tomada contra los enemigos. Está presente en la literatura, la música, la pintura, la política, el deporte, las costumbres. Forma parte del paisaje en el que nos hemos formado, sin que hasta ahora haya sido seriamente cuestionada, excepto por algunos de los principales inspiradores de la no violencia, como Gandhi y Silo.

Y es un sentimiento que fácilmente se extiende a la población y sirve para justificar las mayores atrocidades. Es fácil rastrear como muchas guerras han sido precedidas por campañas de los medios de comunicación que provocaban el deseo de venganza en las poblaciones.

La venganza forma parte pues de nuestra cultura, y salirse de ella nos genera problemas, no se entiende un comportamiento no vengativo, se interpreta como cobardía, debilidad, traición a la patria, a la tribu, a la etnia….

Pero es un camino que necesitamos comenzar a andar


Cito aquí las palabras de Silo en las Jornadas de Reconciliación de Punta de Vacas de 2007

Cuando llegamos a comprender que nuestro enemigo es un ser que también vivió con esperanzas y fracasos, un ser en el que hubo hermosos momentos de plenitud y momentos de frustración y resentimiento, estaremos poniendo una mirada humanizadora sobre la piel de la monstruosidad. Este camino hacia la reconciliación no surge espontáneamente, del mismo modo que no surge espontáneamente el camino hacia la no violencia. Porque ambos requieren de una gran comprensión y de la formación de una repugnancia física por la violencia.

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ÓPERAS MÁS CONOCIDAS, que pueden saborearse tranquilamente en casita




W A. Mozart

Cortesía de Ignacio Molina

Giuseppe Verdi - La Traviata (1988) - Complete opera: http://www.youtube.com/watch?v=49UZa0TO2zQ


Giuseppe Verdi. La Traviata (Cotrubas, Domingo, MacNeil) Met 1981.avi: http://www.youtube.com/watch?v=zAJTSWVpkag&feature=related

Giuseppe Verdi - Nabucco - 2007: http://www.youtube.com/watch?v=Xz6GBsJltxE&feature=related

Giuseppe Verdi: Nabucco (Deutekom, Nimsgern, Muti) (The whole opera); http://www.youtube.com/watch?v=-olPTjrQ5iQ&feature=related

Giuseppe Verdi: Aida (Freni, Domingo, Wixell). Houston 1987: http://www.youtube.com/watch?v=3wNF3WlGKxc&feature=related


Giuseppe Verdi - Il TROVATORE: http://www.youtube.com/watch?v=Byt_GZzBFTc
Giuseppe Verdi - Rigoletto - Rome 1991:
http://www.youtube.com/watch?v=tn007yOc6cs&feature=related

Giacomo Puccini - La Bohème - 2005: http://www.youtube.com/watch?v=c1C4tzSM7XU&feature=related

Giacomo Puccini - Madame Butterfly (Maazel): http://www.youtube.com/watch?v=Lu8f3gOkeQA&feature=related

Giacomo Puccini - Best Tosca Ever – (Kabaivanska, Domingo, Milnes - Full Movie: http://www.youtube.com/watch?v=DnO7FBS1akI&feature=related

George Gounod - Romeo & Juliette (Alagna, Gheorghiu, Pape) - Orange 2002: http://www.youtube.com/watch?v=ySnx0CVyQNY&feature=related


Georges Bizet - Carmen -– 2009: http://www.youtube.com/watch?v=9c7HjQ16mGc&feature=related

Georges Bizet - Carmen (von Karajan): http://www.youtube.com/watch?v=PhiiJcdW6vY&feature=related


Wolfgang Amadeus Mozart - The Magic Flute (Die Zauberflöte) - English Subtitles: http://www.youtube.com/watch?v=tlhbFk2GbcY&feature=related

Wolfgang Amadeus Mozart. Le Nozze di Figaro KV 492: http://www.youtube.com/watch?v=VOkZIxIi900&feature=related

Wolfgang Amadeus Mozart - Don Giovanni – (Furtwangler, Siepi, Grummer, Edelmann) (Salzburg Festival 1954): http://www.youtube.com/watch?v=Fj1i_fL5QCw&feature=related


Wolfgang Amadeus Mozart "The Marriage of Figaro": http://www.youtube.com/watch?v=6YF3vmqJLQQ&feature=related

Gioachino Rossini - Il Barbiere Di Siviglia - Scala – 1999: http://www.youtube.com/watch?v=enEVv02f6bo&feature=related


Gioachino Rossini - La Cenerentola (1981) - Complete opera: http://www.youtube.com/watch?v=HXZn1j_484U&feature=related

Gioachino Rossini - La Cenerentola (Summers, Liceu): http://www.youtube.com/watch?v=g88sEp7OXCw&feature=related


Gioachino Rossini - L' italiana in Algeri - Bologna 1994: http://www.youtube.com/watch?v=7465M1Xtbxs&feature=related

Gaetano Donizetti - Don Pasquale - 2010: http://www.youtube.com/watch?v=1D4pX3mSe68


Gaetano Donizetti - Lucia di Lammermoor - 1982: http://www.youtube.com/watch?v=NwMmQ_0YdsQ

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Anonymous Junior



Ha nacido un niño...

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La libertad de los campesinos y de los obreros les pertenece y no puede ni debe sufrir restricción alguna. Corresponde a los propios campesinos y obreros actuar, organizarse, entenderse en todos los dominios de la vida, siguiendo sus ideas y deseos. (Ejercito Negro Makhnovista, Ucrania, 1923).