miércoles, junio 25, 2008

Noticias del Frente Ecologico 020

Nuestro modelo parasitario nos desangra
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Primer documento público del Consejo Latinoamericano para la Preservación de la Herencia Cultural (CLAPHEC).


http://vidaconvida.blogspot.com/ (blog aliado)

Lunes 9 de junio de 2008

A LA CONCIENCIA DOMINICANA

Es preocupante que dentro del marco de la recién pasada coyuntura electoral, en la que nuestra sociedad definió y decidió entorno a la representación y el manejo del Estado, no se reflexionara sobre graves dificultades nacionales.

Partamos de la premisa de que las personas con oportunidad de trabajar en la dirección de un país, están llamadas a pensar en las consecuencias históricas de sus actos.

Ciertamente. Todos los ciudadanos de una nación deben también actuar de manera conciente y responsable. Sin embargo, el compromiso mayor recae sobre los hombros de quienes les “representan”.

La campaña dejó mucho que desear. Estuvo tan vacía de contenidos, aún cuando hay tantas cosas por aclarar y discutir. Se derrochó mucho dinero, no obstante haber obras prioritarias necesitadas de asistencia y tanta pobreza. ¿Fue una pesadilla?

Es urgente llamar a un ejercicio de la política que no se oponga a la voluntad de servicio y al proyecto de nación anhelados por la gente que aún ejerce la ciudadanía con responsabilidad y coraje. Un proyecto con el que soñaron hombres y mujeres que entregaron todo, incluyendo sus vidas.

Después de tantas luchas, República Dominicana es un país con verdaderos problemas sociales, económicos, políticos, espirituales y ecológicos. Nos acechan terribles problemáticas derivadas de la inexistencia de contundentes políticas para la conservación ambiental.

La destrucción acelerada de flora y fauna pasa desapercibida en nuestra sociedad, que parece creer que los recursos naturales son inagotables. Todavía predomina una agricultura generadora de desiertos. Hoy, tierras fértiles se pierden por la erosión, quedando en su lugar paisajes desolados.

Se permite el uso de fertilizantes inorgánicos altamente tóxicos y pesticidas cancerígenos. La población crece sin cesar, aumentando cada vez más, el número de consumidores.

Y nos preguntamos: ¿Qué vamos a hacer con la degradación de los suelos y del medio ambiente? ¿Saben que si protegiéramos los campos de la erosión, éstos capturarían carbono e impedirían la emisión de gases de efecto invernadero?

Vemos que la Tierra tiene sus mecanismos para protegerse de la desertificación, contener mejor el agua y aportarla en los cursos acuíferos. Nosotros, en cambio, no aportamos. Sólo consumimos sin piedad. ¿Cuál es nuestro sentido de responsabilidad frente al mundo y frente a las próximas generaciones?


El agua, al ser el líquido vital universal, fundador y sostenedor, es mucho más valiosa que cualquier bien material, divisa o piedra preciosa. Pero, a pesar de esto y de que nuestros ríos se están secando, el Estado ha cedido terrenos sagrados de las cordilleras Central y Septentrional para la explotación minera.


Se trata de un crimen de lesa patria y lesa humanidad, pues el agua y las tierras fértiles son recursos de carácter estratégico en el mundo actual. El valor de los bienes no debe basarse en un criterio mercantilista, sino en la importancia que tienen para la vida.

De la cordillera Central depende el 85% del agua de la isla ¿Cómo es posible que las brigadas de Barrick Gold (una multinacional mundialmente conocida por su irresponsabilidad), transiten por ésta sin supervisión?

El gobierno sabe las características de esta corporación, ¿Cómo la apoya? ¿Cómo aprueba su instalación en nuestro territorio para sacar nuestras riquezas y dejarnos los despojos, la contaminación y la miseria?

Estamos en el Caribe, una de las regiones de mayor biodiversidad del planeta. Con ecosistemas ricos y a la vez frágiles. Permitir la construcción de una carretera energética, desde Puerto Viejo, Azua hasta Pueblo Viejo, Cotuí, atravesando la cordillera Central, tendría un impacto ambiental de proporciones terribles para el país.
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¿Por qué no se ha discutido el tema? ¿Dónde está el movimiento ambientalista dominicano? ¿Qué dice nuestro liderazgo político, social y económico?

¿Estamos conscientes de las implicaciones reales de los cambios climáticos que se aproximan? Ya hemos sentido sus repercusiones en las tormentas Olga y Noel, el tornado del domingo 20 de abril, en la ciudad de La Vega y la ventisca del miércoles 7 de mayo, en Mao.

La tierra cambió sus patrones climáticos y eso implica un desafío demasiado grande que no es posible enfrentar con éxito si no modificamos las estrategias de desarrollo, reformulamos la inversión, rescatamos la producción de alimentos y replanteamos las tácticas para la preservación de los recursos naturales.

Estas inquietudes no surgen de un capricho personal.

Organismos que están dentro de las referencias más convencionales, como el PNUD nos advierten: “El impacto que generará el aumento de las sequías, los fenómenos climáticos extremos, las tormentas tropicales y las crecidas del nivel del mar en grandes porciones de África, los pequeños estados insulares y las zonas costeras, habrá sido ocasionado durante nuestra vida”.


La carestía de los alimentos que es impuesta por el control mundial de las semillas, los efectos del cambio climático y la producción de biocombustibles, sumada a los altos precios del petróleo, nos dice que nos encontramos frente a una emergencia. ¿Estamos haciendo lo suficiente?

¿Nuestras agendas de investigación y desarrollo han reconocido la importancia que tiene la producción de especies nativas subutilizadas para fomentar la soberanía alimentaria?

Frente a la crisis, vamos optando por aceptar las directrices de los organismos que la han provocado. Vamos a seguir subordinados si aceptamos sumisos sus semillas transgénicas, sus tecnologías y sus modelos.

Las decisiones que envuelven el destino de la mayoría no pueden estar en manos de súper comisiones y grupos de poder que no toman en cuenta a todos los hijos del país. La pérdida de los recursos naturales exige una reorientación general sobre nuestra seguridad y defensa como nación.

El presente es la culminación de un proceso lento, pero sin pausa y, muchas veces, invisible que ha podido desarticular el país imponiéndose un modelo parasitario que nos hace más dependientes y más pobres, más consumidores que productores.

Nos preguntamos ¿cómo es posible que en un país bendecido por la naturaleza tengamos un 27% de desnutridos? ¿Cómo es posible que un 35% de nuestra población no cubra sus necesidades básicas? ¿Qué estamos haciendo para que la explotación irracional y la privatización no se adueñen de las semillas, el agua y otros bienes esenciales que son nuestra herencia colectiva? ¿Cómo es posible ignorar todo esto?

No estamos actuando a nivel social ni a nivel institucional para sanar el gran sistema bioproductivo de la tierra, que se encuentra enferma por la creciente e intensa explotación más allá de su capacidad para regenerarse.

Mientras se mantengan los programas políticos actuales de economía, comercio y agricultura, todo esto seguirá sucediendo, porque con ellos se inducen y refuerzan modelos y prácticas de desarrollo que no son sostenibles.

Los procesos tecnológicos y biológicos dependen en gran medida de las fuerzas políticas que controlan los procesos socioeconómicos e institucionales. De ahí que nuestros candidatos debían conocer y debatir sobre todo lo anteriormente señalado.

Si nos unimos con sentido común podemos impulsar y obtener una economía con un componente humanizador y ambiental, hacer una planeación económica sobre la base –y solo sobre la base– de las necesidades humanas. Es definitivo que nuestra economía debe ser reformulada sobre la base de nuestras prioridades, nunca en la desigualdad y la exclusión deliberada.
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Nunca olvidando el reconocimiento de la condición humana, pues la persona es una manifestación del ser que tiene el inalienable derecho a satisfacer sus necesidades.

Hablar de esta manera no es caer en la trampa del fatalismo ni en la resignación, pues la situación actual puede servir como punto de partida para buscar y encontrar una perspectiva genuinamente creativa y esperanzadora.

La construcción de la nación dominicana implica un proceso y un nuevo planteamiento económico y político basado en todos los componentes de nuestra identidad nacional.

Hacemos estos señalamientos porque el deterioro de los recursos y de la capacidad general del ecosistema global es la consecuencia de un sistema de desarrollo y de valores que no toma en cuenta la vida en su totalidad.

Es fundamental que la acción social restaure los pulmones forestales del país como generadores del oxígeno que respiramos. Cuando hablamos de la cordillera Central, estamos refiriéndonos a un sostén fundamental de la vida en la isla, contribuye, entre otras cosas, en la regulación de la temperatura y el sistema hídrico insular.

Deseamos que esta iniciativa se traduzca en experiencia, propuesta y reflexión que despierte en nosotros nuevas inquietudes en torno a ¿Qué producir? ¿Cómo producir? Y ¿Para quién producir?

La llamada “globalización”, promovida por los países centrales, con las estrategias de reorganización de la economía mundial, exige de nosotros posturas inteligentes, valientes y precavidas. En esta perspectiva, se impone como necesidad vital la creación de mecanismos ágiles y vivos que posibiliten la coordinación con los países de la región para propiciar relaciones más justas con el norte industrializado.

Tenemos que comenzar a ejercer la soberanía nacional de nuestros recursos y romper con las determinaciones de un proceso histórico-estructural de dependencia y subordinación. De esa manera también nutrir la nueva conciencia planetaria que quiere emerger con un amanecer más solidario, pacífico y amoroso para el mundo.

Para comprender todo lo señalado se necesita una mentalidad abierta y holística, favoreciendo el rompimiento con el paradigma vigente que es mecanicista, reduccionista y lineal.

El presente del país y del planeta reclama un nuevo consenso para defender y propiciar modelos productivos que actúen sobre la base de un desarrollo sostenible.

Estas preocupaciones hay que incorporarlas en nuestra cotidianidad para que avancemos en armonía con la naturaleza y no enfrentados a ella, porque es a la vez y a la larga, un enfrentamiento con nosotros mismos.

Los políticos son un componente destacado del contexto global de la crisis del medio ambiente, pero como seres humanos que son, todavía están a tiempo de hacer algo para que no se muera la vida.
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El inconsciente colectivo dominicano exige la instauración de un patrón de equidad viable y esto supone tanto voluntad política como una opinión pública que lo promueva.

El 2009 lo valoramos como el inicio de una etapa culminante de muchos aspectos de nuestra forma de ser como ciudadanos, mejor dicho como habitantes de este pedacito de mundo que es nuestro territorio.

Sabemos que el contexto actual favorece la circulación de viejos y nuevos prejuicios acerca de lo dominicano, así como el despliegue de actitudes discriminatorias hacia quienes todavía mantienen el coraje de vivir con dignidad.

Despertemos ya, nos encontramos en el umbral de un tiempo muy especial que nos invita a prescindir de todas las dependencias y de todos los condicionamientos que nos hacen creer que no podemos apoyarnos entre nosotros mismos.

Es pertinente llenarnos de un sentido de pertenencia nacional, con una clara voluntad de servicio social y de responsabilidad ciudadana.

Puede ser que una carta como esta resulte muy chocante, pues en la situación actual parece que el mayor de los pecados es el ejercicio responsable de la ciudadanía.

Pero nosotros no tenemos otra patria distinta de esta por lo que jugar a la chercha, a la indiferencia o al silencio es traicionarnos a nosotros mismos.

Si en nuestra entrega a lo temporal un día de estos nos descubrimos buscando algo más allá del ego, no vacilemos en hacer que los pasos se reconcilien con la vida. Seremos bien recordados por nuestros hijos, por las futuras generaciones y, sobre todo, por nuestras propias conciencias.

¿Por qué esta iniciativa?

Esta iniciativa surge porque los problemas que hemos venido acumulando ya no resisten más evasión y no podemos seguir distraídos. Llamamos para despertar la mente y el corazón, ha llegado el momento de ver y preguntarnos ¿qué pasa actualmente en nosotros como personas y como país? Pues necesitamos saber hacia donde vamos.

Nuestro presente no es para agotarse en lamentos ni en palabrerío ni en espera de que políticos y gobernantes vengan a salvarnos. Somos nosotros mismos los llamados a trabajar para alcanzar una sociedad justa, pacífica y solidaria.*

Esta es una causa en la que se aporta con lo que somos, con lo que tenemos y con lo que sabemos. Si estas inquietudes aportan un sentido a tu propia existencia intégrate, la vida nos llama al encuentro.

Por el Equipo Coordinador CLAPHEC

José Rodríguez
Carlos Arias
Dania M. Batista


* Te invitamos a formar parte de nuestro espacio de reflexión para la acción solidaria.
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Comentario sobre el cuento cubano "Francisca y la muerte" (miercoles 18 de junio 2008)

¡Ay Profe…!

Como esta Francisca del cuento es mi madre, casi exactamente. Antes me preocupaba de sus afanes pero de un tiempo para acá comprendí que el día que se eche a descansar se muere, por lo tanto no me preocupo. Su hora llegará en el momento justo de esa hora verdadera y no antes.

Nancy Reinoso

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