martes, enero 04, 2011

Noticias del Frente Sensorial 055

Haití es la prueba del fracaso de la ayuda internacional
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¡Guay, guayyy!!!: La resiliente alma taina vive en lo mas hondo del Pueblo Haitiano.

Por: Robert Arnaud (traducción lamentablemente anónima del francés, ligeramente corregida)

SICSAL, Redes Cristianas, Suiza, 3 de enero, 2011

Fuente: http://www.redescristianas.net/2011/01/03/entrevista-a-ricardo-seitenflus-representante-brasileno-de-la-oea-en-haitiarnaud-robert/

Entrevista a Ricardo Seitenflus, representante brasileño de la OEA en Haití

“La presencia de 10,000 Cascos Azules es contraproducente.”

“Nadie se toma el tiempo… de intentar comprender… el Alma haitiana.”

La forma de prevención de litigios en el marco del sistema de las Naciones Unidas no se adapta al contexto haitiano. Haití no es una amenaza internacional. No estamos en situación de guerra civil. Haití no es ni Irak ni Afganistán. Y por tanto, el Consejo de Seguridad, a falta de alternativa, después de la salida del presidente Aristide, ha impuesto (la presencia de soldados) “Cascos Azules” (de la ONU) desde 2004.

A partir de 1990, estamos aquí en nuestra misión haitiana de la ONU. Haití, después de 1986 y luego de la partida de Jean Claude Duvalier, vive lo que yo llamo un conflicto de baja intensidad. Estamos confrontados en las luchas por el poder entre los actores políticos que no respetan el juego democrático.

Pero me parece que Haití, en el escenario internacional, paga, esencialmente, (por) su gran proximidad con los EE.UU. Haití ha sido objeto de una atención negativa por parte del sistema internacional. Por el lado de la ONU se ha tratado de congelar el poder y de transformar (a) los haitianos en “prisioneros de su propia isla”. La angustia de los boat people explica con amplitud las decisiones de la comunidad internacional frente a Haití. Se quiere, a todo precio, para Haití, el repliegue confinado.

Pregunta: ¿Qué es lo que impide la normalización del caso haitiano?

Respuesta: Durante 200 años, la presencia de tropas extranjeras se ha alternado con la de los dictadores. Con Haití es la fuerza la que define las relaciones internacionales y nunca el diálogo.

El pecado original de Haití, en la escena mundial, es su liberación. En 1804 los haitianos logran lo inaceptable: un crimen de lesa-majestad para un mundo inquieto. Para ese entonces Occidente es un mundo colonialista, esclavista y racista que basa su riqueza sobre la explotación de las tierras conquistadas. Así pues, el modelo revolucionario haitiano da miedo a las grandes potencias. Los EE.UU. no reconocen la independencia de Haití hasta 1865. Y Francia, para aceptar esta liberación exige el pago de una indemnización.

Desde su comienzo, la independencia queda comprometida y el desarrollo del país obstruido. El mundo nunca ha sabido cómo tratar a Haití, y entonces, termina por ignorarlo. Se han acumulado 200 años de aislamiento en el escenario internacional. Hoy, la ONU aplica ciegamente el capítulo 7 de su carta, despliega sus tropas para imponer su operación de paz. No se resuelve nada, se empeora. Se quiere hacer de Haití un país capitalista, una plataforma de exportación para el mercado estadounidense; es absurdo.

Haití debe volver a lo que es, es decir, un país esencialmente agrícola, todavía impregnado –fundamentalmente- de una cultura consuetudinaria.

Frecuentemente al país se le describe bajo el ángulo de su violencia. Mas, (aún) sin Estado, el nivel de violencia apenas alcanza una fracción menor respecto a la de los países de América latina. Hay elementos en esta sociedad que han podido impedir que la violencia se expanda sin medida.

P: Ver en Haití una nación [inviable], ¿no es la determinación para indicar que su único horizonte es el retorno a los valores tradicionales?

R: Existe una parte de Haití que es moderna, urbana y orientada hacia el extranjero. Se estima en 4 millones de haitianos que viven fuera de su territorio, es un país abierto al mundo, no deseando un retorno al Siglo XVl, a una sociedad agraria. Ahora bien, Haití vive bajo la influencia de lo internacional, de ONGs, de la caridad universal. Más del 90% del sistema educativo y de la salud está en manos privadas. El país no dispone de recursos públicos para poder hacer funcionar en lo mínimo un sistema de Estado. La ONU fracasa ante los rasgos culturales del país. Resumir a Haití en una operación de paz, es [tergiversar] los verdaderos desafíos que se presentan al país. El problema es socioeconómico. Cuando la tasa de desempleo llega a 80%, es insoportable desplegar una misión de estabilización, no hay nada a estabilizar y todo a construir.

P: Haití es uno de los países más ayudados del mundo y por consiguiente esa situación es lo que le ha hecho deteriorar desde hace 25 años. ¿Por qué?

R: La ayuda de urgencia es eficaz. Pero cuando se hace estructural, cuando se sustituye al Estado en todas sus misiones, se llega a [minar] la (responsabilidad) colectiva. Si existe una prueba del fracaso de la ayuda internacional, es Haití. El país se ha transformado en la Meca. El sismo del 12 de enero [2010], y luego la epidemia de cólera, no hacen más que acentuar este fenómeno. La comunidad internacional tiene el sentimiento de que cada día debe rehacer lo que ha terminado en la víspera. El cansancio de Haití comienza a despuntar. Esta pequeña nación debe sorprender la conciencia universal con catástrofes cada vez más enormes.

Yo tenía la esperanza de que, en la angustia del 12 de enero, el mundo iba a comprender que se había equivocado con Haití. Desgraciadamente, se ha reforzado la misma política. En lugar de hacer un balance, se han enviado aún más soldados. Hay que construir carreteras y presas, participar en la organización del Estado, en el sistema judicial. La ONU dice que no tiene mandato para eso. Su mandato en Haití, es mantener la paz del cementerio.
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Grand Bois, nadie se toma el tiempo de intentar comprender la compleja Alma haitiana.

P: ¿Qué rol juegan las ONGs en esta quiebra?

R: A partir del terremoto viene a ser una encrucijada inmanejable. Para las ONGs transnacionales, Haití se ha transformado en lugar de paso forzado, yo diría, peor que eso: de formación profesional. La edad de los cooperantes que llegaron después del sismo es muy baja: llegan a Haití sin ninguna experiencia. Y [a] Haití, yo se lo puedo decir, no [le] convienen los aficionados. Después del 12 de enero, a causa del reclutamiento masivo, la cualidad profesional ha bajado mucho. Existe una relación maléfica o perversa entre la fuerza de las ONGs y la fragilidad del Estado haitiano. Ciertas ONGs sólo existen a costa del mal haitiano.

P: ¿Qué errores se han cometido después del terremoto?

R: Frente a la importación de bienes de consumo para alimentar a los damnificados, la situación de la agricultura haitiana se mantiene peor. El país ofrece un campo libre a todas las experiencias humanitarias. Desde el punto de vista moral es inaceptable considerar a Haití como un laboratorio. La reconstrucción de Haití y la promesa que hacemos relucir de 11,000 millones de dólares [ha] avivado las codicias. Parece que una multitud de gente llega a Haití, no para Haití, sino para hacer negocios.

Para mí que soy [sur]americano, es una vergüenza, una ofensa a nuestra conciencia. Un ejemplo es el de los médicos haitianos que Cuba forma. Más de 500 han sido instruidos en La Habana. Cerca de la mitad entre ellos, cuando deberían estar en Haití, hoy trabajan en los EE.UU., en Canadá o en Francia. La revolución cubana, a resultas, [ha financiado] la formación de recursos humanos para sus vecinos capitalistas.

P: Con frecuencia se describe a Haití como la periferia del mundo. Usted subraya al país más bien como un concentrado de nuestro mundo contemporáneo…

R: Es el concentrado de nuestros dramas y de los fracasos de la solidaridad internacional. No estamos a la altura del desafío. La prensa mundial llega a Haití y describe el caos. La reacción de la opinión pública no se deja sentir. Para ésta, Haití es uno de los peores países del mundo. Hay que ir hacia la cultura haitiana. Hay que ir hacia el terruño, yo creo que hay demasiados médicos encima del enfermo y la mayoría de estos médicos [no tienen la formación profesional necesaria].

Ahora bien, en Haití, se necesitan antropólogos, sociólogos, historiadores, politólogos y también teólogos. Haití es demasiado complejo para la gente que tiene prisa, y los cooperantes [reciben la presión de actuar con] prisa. Nadie [se] toma el tiempo ni tiene el gusto de intentar comprender lo que yo podría llamar el Alma haitiana. Los haitianos lo han entendido bien, considerándonos, a nosotros la comunidad internacional, como una vaca a ordeñar. Ellos quieren sacar provecho de esta presencia y lo hacen con una maestría extraordinaria. Si los haitianos nos consideran solamente por el dinero que aportamos, es porque nos hemos presentados como tal.

P: Más allá del fracaso comprobado, ¿qué soluciones usted propone?

R: En dos meses, yo habré terminado una misión de 2 años en Haití. Para estar aquí, y no ser desplomado por lo que veo, he tenido que crearme unas ciertas defensas psicológicas. Yo quería ser una voz independiente no obstante el peso de la organización que represento. Lo he mantenido porque quería expresar mis dudas profundas y decir al mundo que eso llegaba a su término. Que ya [basta] de jugar con Haití.

El 12 de enero me di cuenta que existe un potencial de solidaridad extraordinario en el mundo. Sin embargo, no se puede olvidar que, en los primeros días, fueron los haitianos por su cuenta, con sus manos peladas, quienes intentaron salvar sus prójimos. La compasión ha sido muy importante en la urgencia. Pero la caridad no puede ser el motor de las relaciones internacionales. El móvil que debe regir tales relaciones está en la autonomía, la soberanía, el comercio equitativo, el respeto al otro.

Simultáneamente tenemos que pensar en ofrecer para Haití oportunidades de exportación pero también proteger esta agricultura familiar que es esencial para el país. Haití es el último paraíso para el turismo –en el Caribe-- todavía no explotado, con 1700 Km. de costas vírgenes. Debemos favorecer un turismo cultural y evitar asfaltar la ruta como un nuevo [oasis] del turismo de masa.

Desde hace demasiado tiempo, las lecciones que nosotros damos son ineficaces. La reconstrucción y el acompañamiento de una sociedad tan rica son una de las últimas grandes aventuras humanas. Hace 200 años, Haití ha iluminado la historia de la humanidad y la de los derechos humanos. Ahora – hay que dejar una oportunidad a los haitianos para confirmar su [cosmo]visión.



Basta ya de jugar con Haiti

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La libertad de los campesinos y de los obreros les pertenece y no puede ni debe sufrir restricción alguna. Corresponde a los propios campesinos y obreros actuar, organizarse, entenderse en todos los dominios de la vida, siguiendo sus ideas y deseos. (Ejercito Negro Makhnovista, Ucrania, 1917).