miércoles, junio 19, 2013

Noticias del Frente Multicolor 130

El derecho a soñar:
¿Por qué Brasil y ahora?


Por: Juan Arias, El País 17 06 13

Está generando perplejidad, dentro y fuera del país, la crisis creada repentinamente en Brasil por el surgir de las protestas callejeras, primero en las ricas urbes de São Paulo y Río, y ahora extendiéndose a todo el país e incluso a los brasileños en el exterior.

Por el momento son más las preguntas para entender lo que está aconteciendo que las respuestas a las mismas. Existe solo un cierto consenso en que Brasil, envidiado hasta ahora internacionalmente, vive una especie de esquizofrenia o paradoja que aún debe ser analizada y explicada.

Empecemos por algunas de las preguntas:

¿Por qué surge ahora un movimiento de protesta como los que ya están casi de vuelta en otros países del mundo, cuando durante diez años Brasil vivió como anestesiado por su éxito compartido y aplaudido mundialmente? ¿Brasil está peor hoy que hace diez años? No, está mejor. Por lo menos es más rico, tiene menos pobres y crecen los millonarios. Es más democrático y menos desigual.

¿Cómo se explica, entonces, que la presidenta Dilma Rousseff, con un consenso popular de un 75%, -un récord que llegó a superar al del popular Lula da Silva-, pueda ser abucheada repetidamente en la inauguración de la Copa de las Confederaciones, en Brasilia, por casi 80,000 aficionados de clase media que pudieron darse el lujo de pagar hasta 400 dólares por una entrada?

¿Por qué salen a la calle a protestar por la subida de precios de los transportes públicos jóvenes que normalmente no usan esos medios porque ya tienen coche, algo impensable hace diez años?

¿Por qué protestan estudiantes de familias que hasta hace poco no hubiesen soñado con ver a sus hijos pisar una universidad?

¿Por qué aplaude a los manifestantes la clase media C, llegada de la pobreza y que por vez primera en su vida han podido comprar una nevera, una lavadora, una televisión y hasta una moto o un coche de segunda mano?

¿Por qué Brasil, siempre orgulloso de su fútbol, parece estar ahora contra el Mundial, llegando a empañar la inauguración de la Copa de las Confederaciones con una manifestación que produjo heridos, detenciones y miedo en los aficionados que acudían al estadio?

¿Por qué esas protestas, incluso violentas, en un país envidiado hasta por Europa y Estados Unidos por su casi nulo desempleo?

¿Por qué se protesta en las favelas donde sus habitantes han visto duplicada su renta y recobrada la paz que les había robado el narcotráfico?

¿Por qué, de repente, se han levantado en pie de guerra los indígenas que poseen ya el 13% del territorio nacional y tienen al Supremo siempre al lado de sus reivindicaciones?

¿Es que los brasileños son desagradecidos a quiénes les han hecho mejorar?

Las respuestas a todas esas preguntas que producen en tantos, empezando por los políticos, una especie de perplejidad y asombro, podrían resumirse en pocas cuestiones.

En primer lugar se podría decir que, paradójicamente, la culpa es de quien les dio a los pobres un mínimo de dignidad: una renta no miserable, la posibilidad de tener una cuenta en el banco y acceso al crédito para poder adquirir lo que fue siempre un sueño para ellos (electrodomésticos, una moto o un coche).

Quizás la paradoja se deba a eso: al haber colocado a los hijos de los pobres en la escuela, de la que no gozaron sus padres y abuelos; al haber permitido a los jóvenes, a todos, blancos, negros, indígenas, pobres o no, ingresar en la universidad; al haber dado para todos accesos gratuito a la sanidad; al haber librado a los brasileños del complejo antaño de culpa de “perros callejeros”; al haber conseguido todo aquello que convirtió a Brasil en solo 20 años en un país casi del primer mundo.

Los pobres llegados a la nueva clase media han tomado conciencia de haber dado un salto cualitativo en la esfera del consumo y ahora quieren más. Quieren, por ejemplo, unos servicios públicos de primer mundo, que no lo son; quieren una escuela que además de acogerles les enseñe con calidad, que no existe; quieren una universidad no politizada, ideologizada o burocrática. La quieren moderna, viva, que les prepare para el trabajo futuro.

Quieren hospitales con dignidad, sin meses de espera, sin colas inhumanas, donde sean tratados como personas. Quieren que no mueren 25 recién nacidos en 15 días en un hospital de Belem, en el Estado de Pará.

Y quieren sobre todo lo que aún les falta políticamente: una democracia más madura, en la que la policía no siga actuando como en la dictadura; quieren partidos que no sean, en expresión de Lula, un “negocio” para enriquecerse; quieren una democracia donde exista una oposición capaz de vigilar al poder.

Quieren políticos con menor carga de corrupción; quieren menos despilfarro en obras que consideran inútiles cuando aún faltan viviendas para ocho millones de familias; quieren una justicia con menor impunidad; quieren una sociedad menos abismal en sus diferencias sociales. Quieren ver en la cárcel a los políticos corruptos.

¿Quieren lo imposible? No. Al revés de los movimientos del 68, que querían cambiar el mundo, los brasileños insatisfechos con lo ya alcanzado quieren que los servicios públicos sean como los del primer mundo. Quieren un Brasil mejor. Nada más.

Quieren en definitiva lo que se les ha enseñado a desear para ser más felices o menos infelices de lo que lo fueron en el pasado.

He escuchado a algunos decir: “¿Pero qué más quiere esta gente?" La pregunta me recuerda la de algunas familias en las que después de dar todo a los hijos, según ellos, estos se rebelan igualmente.

Se olvidan a veces los padres de que a ese todo le faltó algo que para el joven es esencial: atención, preocupación por lo que él desea y no por lo que a veces se le ofrece. Necesitan no solo ser ayudados y protegidos, llevados de la mano, quieren aprender a ser ellos protagonistas.

Y a los jóvenes brasileños, que han crecido y tomado conciencia no solo de lo que tienen ya, sino de lo que aún pueden alcanzar, les está faltando justamente que les dejen ser más protagonistas de su propia historia, más aún cuando demuestran ser tremendamente creativos.

Que lo hagan, eso sí, sin violencia añadida, que violencia ya le sobra a este maravilloso país que siempre prefirió la paz a la guerra. Y que no se dejen coptar por políticos que intentarán montarse sobre su caballo de protesta, para vaciarla de contenido

En una pancarta se leía ayer: “País mudo es un país que no muda”. Y también, dirigido a la policía: “No disparéis contra mis sueños”. ¿Alguien puede negar a un joven el derecho a soñar?

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Desde Brasil: Drogas, equívocos y soluciones


Por: Frei Betto, Adital 3 06 13

El fenómeno de las drogas nos alcanza a todos. Sin excepción. Aunque usted no tenga un dependiente químico en su familia el peligro reside en el asalto. No hay nada peor que ser asaltado por una persona drogada. Cualquier gesto, por más inocente que sea, puede representar en su cabeza una reacción que merece la muerte.

Y no es solamente en las calles donde preocupa la existencia de gran número de enviciados. En todas las clases sociales hay quien sea un dependiente de drogas. No sólo de las prohibidas, como el opio o la cocaína, sino también de las que se pueden adquirir en farmacias (con recetas falsas) o en hospitales (por desvío). En ambos casos una ganancia extra hace del funcionario un corrupto, y la droga de cinta negra llega fácil a las manos del usuario.

Familias de clases media y alta conocen la tortura de lo que significa tener un pariente dependiente químico. A su vez, el poder público, molesto por el aspecto urbano, aboga por el internamiento obligatorio. Medida, sea dicho, adoptada por ciertas familias con recursos para pagar el internamiento en clínicas de (supuesta) recuperación.

Quedan las preguntas que no se quieren oír y que las familias y el poder público insisten en ocultar: ¿qué es lo que induce a una persona a consumir drogas? ¿cuál es la solución a este problema?

Si mañana una hostia de la iglesia, que se ofrece gratis, se convirtiera en algo de marca elegante, tendría precio de mercado, como los vaqueros desteñidos vendidos en comercios sofisticados. Lo que pasa es que sólo el que comulga consume hostias. Del mismo modo, el narcotráfico -que debe ser combatido con todo rigor- sólo existe porque tiene un amplio y voraz mercado de consumo.

Lo que lleva a una persona a consumir drogas es la carencia de autoestima. Sintiéndose inferior, no amada, presionada por el estrés competitivo, encuentra en las drogas el recurso para alterar su estado de conciencia. De ese modo se siente mejor que enfrentando, a cara descubierta, la realidad. Sobre todo con ciertas drogas, como la cocaína, que causan una sensación de omnipotencia.

Todo drogado es un místico potencial. Sabe que la felicidad es una experiencia de la subjetividad. Nada fuera del ser humano es capaz de dar felicidad. Déle a un dependiente químico barras de oro para que abandone la droga e inicie una vida nueva; él pronto tratará de venderlas para comprar más droga.

La droga se sale de nuestra escala de valores. Hay en ello un fuerte componente educativo. Si un joven es educado priorizando como valores la riqueza, el éxito, el poder o la belleza, tenderá a ser vulnerable ante las drogas. Éstas funcionarán, periódica y provisionalmente, como manta protectora ante el frío de sus ambiciones frustradas.

A mis amigos que tienen hijos pequeños les advierto: denles mucha atención y cariño, especialmente hasta que cumplan 12 años. Las internaciones pueden ser útiles en situaciones de crisis o …, pero nunca como solución. Todo drogado grita en otro tipo de lenguaje: "¡Yo quiero ser amado!”

¿Qué debiera hacer el poder público ante esta epidemia química? ¿internar obligatoriamente? Eso funciona de momento como limpieza del paisaje urbano. En un país como el nuestro, en donde el sistema de salud es tan precario, es difícil creer que existan clínicas de desintoxicación en suficiente cantidad para atender a todos los dependientes y que tengan suficiente pedagogía de recuperación.

Tal vez la solución no sea fácil para quienes ya rompieron los vínculos familiares. Sin embargo puede haber una solución preventiva si el poder público cumpliera con su deber de asegurar a todos los niños y jóvenes una educación de calidad. Un joven que sueña con ser un profesional competente nunca entrará en las drogas si se le garantizase una buena educación, centrada en valores altruistas, solidarios, espirituales.

Viví cinco años en una favela y aprendí que ningún traficante desea que su hijo siga sus pasos. Su sueño es que el hijo sea médico. Por eso el día en que el poder público lleve a todos los niños más escuelas, música, teatro, gimnasios, bibliotecas, y menos redadas de la policía y balas ‘perdidas’, tendremos menos enviciados y traficantes.

Portugal le enseñó mucho al Brasil: el idioma, el placer del queso, la religiosidad cristiana, el arte sacro, el gusto por la literatura, etc. Es hora de que aprendamos también con Portugal cómo lidiar con las drogas. Lisboa es la capital europea con menor índice de homicidios.

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España: Analfabetismo feliz


Por Carlos Colón, Diario de Sevilla, 17 06 13

LA marca de la izquierda histórica, escribía no hace mucho Antonio Muñoz Molina (Memoria crítica, El País, 26 de marzo), era una la pasión por la educación: "El saber mejoraba y liberaba; la ignorancia embrutecía". Eso les diferenciaba de los reaccionarios que defendían "la ignorancia que facilitaba la sumisión analfabeta". Ser progresista "significaba levantar escuelas e institutos de enseñanza media desde los cuales irradiara el entusiasmo del conocimiento, la eficacia práctica y cívica de la racionalidad".

Desgraciadamente "una de las sorpresas más desagradables de la democracia fue que la izquierda abandonara su viejo fervor por la instrucción pública para sumarse a la derecha en la celebración de la ignorancia. […] La izquierda política y sindical decidió, misteriosamente, que la ignorancia era liberadora y el conocimiento, cuando menos, sospechoso, incluso reaccionario, hasta franquista". Por eso "cualquier crítica del estado actual de la educación activa como un anticuerpo la acusación de nostalgia del franquismo"; mientras "la derecha se ríe con esa sonrisa cínica del ministro de Educación", sabiendo que el dinero puede salvar a sus hijos del posible desmantelamiento de la educación pública.

La desgracia es aún mayor porque antes de que la derecha desmantelara el edificio de la educación pública, la izquierda había desmantelado sus contenidos. Primero a través de la pedagogía progresista incubada en los años 60, que actuó contra el saber oscilando "entre un amor roussoniano por el niño como buen salvaje y una afición maoísta por convertir la mente en una pizarra en blanco en la que se inscribirían con más facilidad las consignas políticas". Ahora "los celebradores del analfabetismo feliz echan mano de las nuevas tecnologías"; ignorando que "igual que la sensibilidad literaria se educa leyendo, y el oído escuchando, y la mirada viendo arte, la inteligencia crítica se afila aprendiendo a distinguir la información sólida y contrastada de la propaganda, el bulo y la calumnia".

Este y otros artículos sobre educación escritos por Muñoz Molina, junto a su reciente ensayo Todo lo que era sólido (Seix Barral), justifican tanto como sus novelas que sea el autor más joven al que se le haya concedido el premio Príncipe de Asturias. Junto a Aurelio Arteta, Fernando Savater, Félix de Azúa o Javier Gomá Lanzón demuestra que la inteligencia crítica no se ha extinguido en España.

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EDITORIAL ISLA NEGRA PONDRÁ A CIRCULAR “MAPA AL CORAZÓN DEL HOMBRE”

La Editorial Isla Negra, de Puerto Rico, pondrá a circular el poemario “Mapa al corazón del hombre” de Carlos Roberto Gómez Beras, su editor (Editor@islanegra.com).

Dicha actividad será realizada en el Fórum Pedro Mir de la Librería Cuesta de Santo Domingo el 21 de junio a las 6:30 P.M. El sábado 22 a las 5:30 P.M será la puesta en circulación en Cuesta de Santiago. Ambas actividades estarán bajo la coordinación de Eduardo Gautreau de Windt.

Carlos Roberto Gómez Beras nació en el Seibo y reside en Puerto Rico. Su poesía, traducida a varios idiomas, ha sido premiada y publicada en certámenes y revistas nacionales e internacionales, e incluida en antologías caribeñas y latinoamericanas. Ha publicado “Viaje a la noche” (1989), “La paloma de la plusvalía y otros poemas para empedernidos”; “Aún” (2007), “Utánad” (2008); y “Sobre la piel del agua” (2011).

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Ruinas de San Francisco: Caldera en concierto



www.loraread.com

http://loraread-cidav.blogspot.com/
http://www.youtube.com/user/loraread

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La grandeza del Gran Cañón, Arizona

Arizona - Ennio Morricone gp (1).pps (buscar en Google)

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La libertad de los campesinos y de los obreros les pertenece y no puede ni debe sufrir restricción alguna. Corresponde a los propios campesinos y obreros actuar, organizarse, entenderse en todos los dominios de la vida, siguiendo sus ideas y deseos. (Ejercito Negro Makhnovista, Ucrania, 1923).