lunes, febrero 18, 2013

Noticias del Frente Onírico 091

Las razones del triunfo de Correa

Por: Mauricio Jaramillo Jassir* / Especial para El Espectador, 18 02 2013

Rafael Correa fue reelegido ayer como presidente de Ecuador con más del 55% de votos válidos. Las razones de su éxito electoral se basan en los errores crasos de los políticos tradicionales, un Congreso con capacidades que excedían su naturaleza y la reducción de la pobreza.

¿Por qué uno de los presidentes más controvertidos de la escena ecuatoriana de los últimos años tiene tal apoyo popular? ¿Qué implicaciones tiene una reelección para Colombia? ¿Habrá efectos regionales a propósito del resultado? El éxito de Rafael Correa entre los ecuatorianos, más allá del resultado en las urnas, se debe a tres factores principales: primero, la imagen de antipolítico que ha creado, a pesar de estar en carrera desde 2006. Desde que era ministro de Economía, Correa fue contra la corriente. Se enfrentó a varios sectores e incluso al presidente de la época, Alfredo Palacio, quien lo criticó por su confesa amistad con Hugo Chávez, algo que aún le granjea enemigos políticos adentro y afuera.
Durante su corta trayectoria de ministro tomó una decisión que lo desligó de la clase política y disparó su popularidad: modificó el fondo de recursos que obligaba a que los ingresos de la renta petrolera fueran destinados al pago de la deuda externa del país. Como ministro decidió que se orientaran a la inversión social. Con decisiones de ese corte —y a pesar de llevar seis años en el poder— es que Correa sigue teniendo el favor popular. Como lo ha demostrado, el presidente sabe capitalizar muy bien los errores históricos de la clase política tradicional, sobre todo en algunos sectores ecuatorianos desencantados con los partidos de siempre.
Segundo, la Constitución de 2009 tradujo algo casi inédito en la política reciente ecuatoriana: la materialización de una promesa de campaña. Antecesores como Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez no pudieron gobernar porque la presión en el Congreso era tal, que resultaba imposible concretar proyectos políticos. En cambio, Correa contó con una ventaja inestimable. Una vez en el poder, disolvió el Legislativo (al que no presentó listas, acto que se juzgó como suicidio político teniendo en cuenta el destino de otros expresidentes) y con una Asamblea Constituyente a su favor pudo transformar el sistema político.
Y tercero, la reducción de la pobreza, su activo mayor. Durante su administración hubo una reducción de 10 puntos a nivel general y de casi 7 en cuanto a la pobreza extrema. Un indicador de mucho peso, habida cuenta que la pobreza generalizada del país alcanza el 25%.
No obstante, dos bemoles empañaron su gestión. Los enfrentamientos con el diario El Universo, tras una demanda por una columna escrita por el periodista Emilio Palacio, en la que lo tildó de dictador. Todo el proceso ante la justicia ecuatoriana le valió el descrédito.
Y el manejo del motín policial, en septiembre de 2010, dejó la imagen de un mandatario sin capacidades para la gestión de una crisis. Sin embargo, tuvo a su favor el respaldo inmediato de la región vía Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Debido a los antecedentes nefastos de indiferencia de los países de la zona frente a atentados contra el Estado de Derecho (léase el autoritarismo de Alberto Fujimori en el Perú, la actitud golpista del recién fallecido Lino Oviedo en el Paraguay o el intento de golpe en Venezuela en abril de 2002), se dio un respaldo inmediato y al unísono a la administración del presidente Correa.
Con Colombia no se deben esperar grandes cambios. Las relaciones comerciales están basadas en productos de alto valor agregado, por lo que el intercambio tiene una incidencia mayor en el empleo a ambos lados de la frontera. Esa dependencia positiva ha sido vital para que durante los peores momentos de crisis política el comercio no se viera afectado. Para Quito, tomando en consideración su cercanía con la frontera norte, dicho espacio es vital, lo que contrasta con el desprecio con el que desde Bogotá se ha manejado la frontera sur del país en departamentos como Nariño y Putumayo, donde la pobreza, la ausencia de infraestructura y la debilidad estatal han marcado la pauta (índices de NBI de 43% y 36% respectivamente). Consecuentemente, es poco probable que desde Carondelet se cambie o se altere la relación sana que desde hace algunos años se tiene con Colombia.
Finalmente, se ha especulado acerca de las consecuencias regionales de esta elección. A raíz de la ausencia de Hugo Chávez, algunos identifican en Correa a un sucesor de la llamada Nueva Izquierda. Aunque es evidente la afinidad ideológica, Ecuador no tiene una plataforma para proyectarse a regiones del mundo como Medio Oriente, Europa e incluso a América Latina. Las relaciones con el Irak de Saddam Hussein, la Libia de Muammar Gadafi y el Irán de Mahmmud Ahmadinejad se explican por una administración que ha pensado de forma global.
Ecuador ha sido tradicionalmente vulnerable y lo que prima consiste en reducir dicha desventaja histórica. Este panorama que rebasa las prerrogativas de Correa se traduce en que el principal objetivo de política exterior ecuatoriana sea concreto: se resume en la promoción del Yasuní-ITT, parque de la Amazonia ecuatoriana, donde abundan yacimientos de petróleo. La propuesta de Quito al mundo es recibir una compensación por la no explotación de dichos recursos y el respeto por la diversidad de la selva virgen. En la mayoría de foros internacionales el énfasis del Ecuador por sentar un precedente que lo convierta en un caso paradigmático es notorio.
Los errores de los políticos tradicionales, un Congreso con capacidades que excedían su naturaleza y la reducción de la pobreza explican el éxito inédito de Rafael Correa. Sin embargo, en adelante tendrá que lidiar con una oposición que obtiene lecciones del presente y se alista para ejercer lo que apenas está en ciernes: control político sobre la gestión presidencial.
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Hacia la Oclocracia en la Iglesia Católica
Declaración sobre ”la Autoridad en la Iglesia católica" ve la luz tras la renuncia de Benedicto XVI

Teólogos de todo el mundo insisten en que "la función del papado necesita ser redefinida claramente"
"La Curia romana requiere una r
Por RD, Jesús Bastante, 15 de febrero de 2013
El ejercicio de la autoridad de nuestra Iglesia debe emular las normas de transparencia, de rendición de cuentas y de democracia que son practicadas en la sociedad moderna
"La función del papado necesita ser redefinida claramente en la línea de la intención de Cristo (...) su autoridad no puede oscurecer, disminuir ni suprimir la autoridad auténtica otorgada directamente por Cristo a todos los miembros del Pueblo de Dios". Un total de 160 teólogos y teólogas de todo el mundo -entre ellos, una quincena de españoles, como Pedro Casaldáliga, José María Castillo, Xabier Pikaza, Teresa Forcades o Margarita Pintos- han lanzado una "Declaración sobre la Autoridad en la Iglesia Católica", en la que muestran las siete reformas que, en su opinión, "son urgentes y su puesta en marcha debe comenzar inmediatamente".
El manifiesto, consensuado con ocasión del 50 aniversario del Concilio Vaticano II, sale ahora a la luz, coincidiendo con la renuncia de Benedicto XVI. De cara a ese futuro inmediato, se antoja como providencial, pues aborda los grandes retos de la institución en este nuevo milenio.
Así, abogan porque los sínodos asuman "un papel más decisivo", así como una apuesta decisiva por la "colegialidad". "La Curia romana requiere una reforma más radical", sostienen los firmantes, que abogan por la total transparencia de la institución frente a los escándalos eclesiásticos y financieros. "El ejercicio de la autoridad de nuestra Iglesia debe emular las normas de transparencia, de rendición de cuentas y de democracia que son practicadas en la sociedad moderna. La autoridad en la Iglesia debe ser percibida como honesta y digna de confianza", apuntan.
Éste es el texto íntegro de la declaración:
DECLARACIÓN SOBRE LA AUTORIDAD EN LA IGLESIA CATÓLICA
Con ocasión del 50º aniversario del Concilio Vaticano II (1962-1965), invitamos a todos los miembros del Pueblo de Dios, a evaluar la situación de nuestra Iglesia.
Muchos de los temas clave del Vaticano II todavía no han sido implementados, en absoluto, o lo han sido sólo parcialmente. Esto ha sido debido a la resistencia de algunos sectores, pero también a una cierta dosis de ambigüedad que se dejó pasar en algunos de los documentos conciliares.
La principal causa del actual estancamiento radica en su incorrecta interpretación y la mala aplicación en lo que concierne al ejercicio de la autoridad en la Iglesia. Concretamente, los siguientes temas requieren una corrección urgente:
La función del papado necesita ser redefinida claramente en la línea de la intención de Cristo. Como supremo pastor, unificador y principal testigo de la fe, el Papa contribuye sustancialmente a la buena salud de la Iglesia universal. Sin embargo, su autoridad no puede oscurecer, disminuir ni suprimir la autoridad auténtica otorgada directamente por Cristo a todos los miembros del Pueblo de Dios.
Los obispos son vicarios de Cristo, no vicarios del papa. Tienen una responsabilidad inmediata de sus diócesis, y una responsabilidad, compartida con los otros obispos y el papa, respecto a la comunidad de fe mundial.
El Sínodo de los obispos debe asumir un papel más decisivo en la planificación y en la orientación del mantenimiento y el crecimiento de la fe dentro de nuestro complejo mundo actual. Para llevar a cabo esta tarea, el sínodo de los obispos necesita ser dotado de unas estructuras apropiadas.
El Concilio Vaticano II ordenó que debía haber colegialidad y corresponsabilidad en todos los niveles. Esto no ha sido llevado a cabo. Como estableció el Concilio, los consejos presbiterales y los consejos pastorales, deben involucrar a los creyentes más directamente en las tomas de decisión concernientes con la formulación de la doctrina, la gestión de la pastoral y la evangelización de la sociedad secular.
El abuso de nombrar para puestos directivos de la Iglesia a candidatos de una única forma de pensamiento, debe ser erradicado. Se debe establecer nuevas normas, y una supervisión sobre su cumplimiento, para asegurar que las elecciones para tales puestos sean llevadas a cabo de una manera limpia y transparente, y en cuanto sea posible, democrática.
La Curia romana requiere una reforma más radical, en la línea de las instrucciones y la visión del Concilio Vaticano II. La Curia debería continuar existiendo por sus útiles servicios administrativos y ejecutivos.
La Congregación para la Doctrina de la Fe debe ser asistida por comisiones internacionales de expertos, que han de ser escogidos de forma independiente, sobre la base de su competencia profesional.
Estos no son, ciertamente, todos los cambios necesarios. Somos conscientes de que la puesta en marcha de estas reformas estructurales deberá ser elaborada con detalle, según las posibilidades y limitaciones de las actuales y futuras circunstancias. Sin embargo queremos destacar que estas siete reformas sugeridas son urgentes y que su puesta en marcha debe comenzar inmediatamente.
El ejercicio de la autoridad de nuestra Iglesia debe emular las normas de transparencia, de rendición de cuentas y de democracia que son practicadas en la sociedad moderna. La autoridad en la Iglesia debe ser percibida como honesta y digna de confianza, inspirada por un espíritu de humildad y de servicio, mostrando preocupación por la gente más que por las reglas y la disciplina, transparentando a un Cristo que nos hace libres, y escuchando al Espíritu de Cristo que habla y actúa a través de cada persona.


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La libertad de los campesinos y de los obreros les pertenece y no puede ni debe sufrir restricción alguna. Corresponde a los propios campesinos y obreros actuar, organizarse, entenderse en todos los dominios de la vida, siguiendo sus ideas y deseos. (Ejercito Negro Makhnovista, Ucrania, 1923).