viernes, enero 25, 2008

Noticias del Frente VIH-1 054

Poniendo una pandemia en perspectiva
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Por DANIEL HALPERIN – New York Times, 1 de enero, 2008

Cambridge, Mass. –
AUNQUE las Naciones Unidas bajaron recientemente sus estimados globales de VIH, 33 millones de personas en el mundo aún viven con el virus del SIDA. Esta pandemia requiere una atención continua; prevenir más muertes y orfandad sigue siendo un imperativo. Pero las bien intencionadas promesas de algunos de los candidatos presidenciales de superar la propuesta del Presidente Bush de casi duplicar la ayuda externa estadounidense para luchar contra el SIDA me impacta, como especialista en VIH/SIDA por 15 años, como algo que no tiene mucho sentido.

Algunos han criticado al Sr. Bush por requerir “solamente” $30 mil millones de dólares para los próximos cinco años para el SIDA y los problemas afines, con los candidatos demócratas punteros prometiendo comprometer al menos $50 mil millones si resultan electos. No obstante, aún los actuales $15 mil millones en gastos representan una cantidad sin precedentes dirigidos a una sola enfermedad.

Mientras tanto, muchas otras necesidades de salud en los países en desarrollo son ignoradas. El hecho es que gastar $50 mil millones o más en ayuda externa tiene sentido, pero sólo si no se limita a los programas de VIH y SIDA.

El año pasado, por ejemplo, mientras los EEUU gastaron casi $3 mil millones en los programas de SIDA en África, se invirtió sólo cerca de $30 millones en proyectos tradicionales de agua potable. Este desequilibrio de casi 100-a-1 es terriblemente desigual — especialmente si se considera que en África el VIH tiende a ser más prevalerte en los países relativamente más ricos y desarrollados. La mayoría de las naciones africanas tienen tasas adultas estables de VIH de 3 por ciento o menos.

Muchos millones de niños y adultos africanos mueren de desnutrición, neumonía, accidentes de vehículos de motor y otras condiciones grandemente prevenibles, aunque no sean tan atractivas para los medios de comunicación. Una quinta parte de las muertes globales por diarrea ocurren en tan solo tres países africanos — el Congo, Etiopía y Nigeria — que tienen prevalencias de VIH relativamente bajas. Sin embargo esta condición, que no es particularmente difícil de curar o prevenir, alcanza poca atención de los donantes que invierten anualmente casi $1 mil millones en los programas de SIDA en esos países.

Estuve anonadado por esta discrepancia entre las prioridades de los donantes occidentales y las verdaderas necesidades de los africanos el mes pasado, durante mi viaje más reciente a África. En Senegal, las tasas de VIH permanecen bajo 1 por ciento en adultos, en parte debido a la adopción temprana por ese país de políticas inteligentes hacia la prostitución y otras prácticas de riesgo, además de la circuncisión masculina universal, que limita la diseminación del VIH. Las tasas de tuberculosis, que en estos momentos es otra enfermedad favorecida por los donantes internacionales, también son relativamente bajas en Senegal, y supe que hasta la malaria, la tercera mayor preocupación de los donantes, no es tan rampante como se había supuesto, con los nuevos hallazgos de laboratorio de que muchas fiebres en realidad no son causadas por esta enfermedad.
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Mientras tanto, la búsqueda del maloliente excremento permea los atiborrados callejones de Dakar, la capital de Senegal. Allí, como en muchos otras partes de Africa Occidental y del mundo en desarrollo, en tanto el acceso inadecuado al agua potable resulta en devastadoras enfermedades diarreicas. La escasez de alimentos y de servicios de salud básicos como vacunaciones, cuidado prenatal y planificación familiar contribuyen a tener familias numerosas y a una alta mortalidad infantil y materna. Los principales donantes como el Plan Presidencial de Emergencia para el Alivio del SIDA, conocido como PEPFAR, y el Fondo Mundial para la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria no han enfrentado directamente tales asuntos sanitarios básicos. El director del Fondo Mundial, Michel Kazatchkine, ha reconocido que: “No somos un fondo mundial que financia la salud local.”

Botswana, que tiene la industria del diamante más lucrativa del mundo y es el segundo país más rico en ingreso per cápita en el África sub-sahariana, está muy distante del acongojado Senegal con los problemas de salud pública básica. Pero como uno de los 12 países “focales” del PEPFAR en África, este año recibirá unos $300 millones de dólares para la lucha contra el SIDA — además de los cientos de millones otorgados por las compañías farmacéuticas, las fundaciones privadas y otros donantes. Mientras estuve en aquel poco poblado país el mes pasado, supe que buena parte de los fondos para el SIDA permanecían sin gastarse, ya que sus modernas clínicas de VIH no pueden absorber un flujo tan grande de fondos.

Como asesor de prevención del VIH de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), de los Estados Unidos en el sur de África en 2005 y 2006, visité aldeas en países pobres como Lesoto, donde las clínicas no podían darse el lujo de almacenar medicinas, pero a menudo mantenían un inventario de costosos medicamentos para el SIDA y sofisticados equipos de monitoreo para sus pacientes infectados por VIH. Los niños infectados por VIH reciben un tratamiento ejemplar, mientras los niños que sufren de enfermedades mucho menos difíciles de tratar permanecen sin ser tratados, a veces hasta la muerte.

En África existe otra crisis exacerbada por el enfoque rígido en el SIDA: los mejores médicos y enfermeras han abandonado las posiciones peor pagadas en planificación familiar, inmunizaciones y otras áreas básicas de salud para trabajar para los programas de VIH financiados por los donantes.
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La experiencia con el SIDA ha demostrado que los países pobres pueden poner tratamientos complejos al alcance de muchas personas. Regímenes que son mucho más simples de administrar que los medicamentos antirretrovirales — como antibióticos para enfermedades respiratorias, rehidratación oral para la diarrea, inmunizaciones y anticonceptivos — podrían también estar ampliamente disponibles. Pero como no hay un “fondo mundial” para el agua potable, la supervivencia infantil y la planificación familiar, países como Senegal — y otros más pobres aún — no pueden enfrentar sus verdaderos problemas sin asociarlos a las tres grandes enfermedades.

A favor de ellos, algunos defensores del SIDA están reclamando un enfoque más amplio para los programas sanitarios internacionales. Entre los candidatos presidenciales, el Senador Barack Obama, por ejemplo, propone ir más allá de gastar en SIDA, tuberculosis y malaria, destacando la necesidad de fortalecer también los sistemas básicos de salud. Y recientemente, el plan del señor Bush, junto con el Fondo Mundial, ha mostrado algo de flexibilidad en apoyar otros asuntos de salud ligados al VIH — aunque esto sería bastante inútil para la gente, especialmente fuera de los países “focales”, quienes están muriendo de enfermedades comunes como la diarrea.

Pero también es importante, especialmente para los Estados Unidos, el mayor donante internacional, re-examinar los fundamentos epidemiológicos y morales de sus prioridades sanitarias globales. Con 10 millones de niños y medio millón de madres en los países en desarrollo muriendo cada año de condiciones en gran parte prevenibles, ¿debemos multiplicar el gasto en SIDA mientras sólo damos una limosna para iniciativas como los proyectos de agua potable?

Si fuéramos a preguntar a la gente de virtualmente cualquier aldea africana (fuera de los 10 países devastados por el SIDA) cuál son sus principales preocupaciones, la respuesta sin dudas sería las menos sensacionales catástrofes del hambre, el agua no apta para el consumo humano, y la devastación ambiental. Las necesidades reales de los africanos para sobrevivir no deben seguir siendo opacadas por las causas favoritas de moda de los bien intencionados pero poco informados donantes occidentales.

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Nuevo medicamento antirretroviral aprobado en los Estados Unidos

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Un nuevo inhibidor no-nucleósido de la transcriptasa reversa (NNRTI, por sus siglas en inglés) ha sido aprobado en los EEUU. Es llamado etravirina (TMC 125, Intelence). De manera importante, actúa contra las cepas del VIH que han desarrollado resistencia a los NNRTIs existentes, tales como efavirenz (Sustiva) y nevirapina (Viramune).

La etravirina debe ser usada en combinación con otros medicamentos contra el VIH, y su uso está reservado para personas que han tomado medicamentos contra el VIH anteriormente y tienen una carga viral detectable con evidencia de resistencia a los NNRTIs existentes.
El rash y el sentirse enfermo son los
efectos colaterales que se asocian más frecuentemente con la etravirina.

Pero la etravirina no será útil para todo el mundo. Si una persona ha perdido gran cantidad de resistencia a los NNRTIs, entonces la etravirina probablemente no sea una opción. Y el medicamento no debe ser tomado con otros NNRTIs, muchos de ellos inhibidores de la proteasa potenciados por el ritonavir, y algunas otras medicinas importantes, tales como la rifampicina y la rifabutina, medicamentos clave para la tuberculosis.

Al momento la etravirina sólo está disponible en Inglaterra y en Europa como parte de un esquema de acceso expandido, pero la aprobación final se espera dentro de unos meses en 2008.

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VIH, hombres gay y MRSA

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La semana pasada se publicó un estudio [incluyendo epistheme] que mostraba que hombres gay en Castro, un distrito de San Francisco, California, tenían altas tasas de una cierta cepa del estafilococo áureo resistente a la meticilina (MRSA, por sus siglas en inglés). Algunos de estos hombres eran VIH positivos.

Informes en algunos periódicos sugerían que esta cepa de MRSA era un súper-microbio de transmisión sexual, hasta un "nuevo VIH." Estos informes fueron tergiversados por algunos grupos homofóbicos en los Estados Unidos.

Pero los Centros de Control de Enfermedades (CDC) y la Universidad de California en San Francisco (UCSF), quienes condujeron el estudio, enfatizan ahora que muchos de los informes de la prensa tradicional sobre la infección son incorrectos.

Los CDC difundieron un documento donde decían que “el MRSA es transmitido típicamente a través del contacto de piel-con-piel, lo cual ocurre durante una variedad de actividades, incluyendo el sexo. No existe evidencia que sugiera que el MRSA es una infección de transmisión sexual en el sentido clásico."

Y la UCSF emitió una declaración expresando estar apenados por la forma en que los resultados del estudio habían sido interpretados.

Uno de los autores del estudio, el Dr Henry Chambers, dijo a la revista estadounidense Newsweek, que realizó un reportaje exhaustivo sobre el estudio, titulado "¿Una nueva enfermedad gay?" que "este definitivamente no es el nuevo SIDA."

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¿Solución contra la malaria y la TB?
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María Elena Navas - BBC Ciencia

Jueves, 24 de enero de 2008 - 18:07 GMT

La investigación fue llevada a cabo en la Universidad de Navarra.

Científicos españoles descubrieron nuevos compuestos para tratar tanto la tuberculosis como la malaria.


Estas sustancias podrían ser una solución para la creciente resistencia que se ha desarrollado a los medicamentos disponibles hoy en día para tratar ambas enfermedades.

Se trata de derivados de la quinoxalina, un compuesto semejante al que se utiliza en varios fármacos antimaláricos y antituberculosos que existen actualmente.

Si se comprueban los resultados, dicen los expertos, el hallazgo podría ser una herramienta muy importante para prevenir las casi 3 millones de muertes que ocurren año en el mundo por tuberculosis y malaria.

Quinoxalina

"Nos dimos cuenta de que había una analogía entre la quinoxalina y la quinoleína, que es la base de algunos fármacos antimaláricos y antituberculosis" dijo a BBC Ciencia Esther Vicente, del Centro de Investigación de Farmacología Aplicada de la Universidad de Navarra.

"Y decidimos probar las estructuras que sintetizamos de la quinoxalina para estas enfermedades", agrega la investigadora.

Los investigadores lograron sintetizar y caracterizar 65 derivados de quinoxalina.

Y entre éstos cuatro resultaron particularmente efectivos contra la malaria y 15 contra la tuberculosis.

Más de un millón de personas mueren cada año a causa de malaria.

Las pruebas de los compuestos antituberculosos fueron llevadas a cabo por el Programa de Coordinación y Adquisición Antimicrobiana de Tuberculosis (TAACF en sus siglas en inglés) del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas en Bethesda, Estados Unidos.

Y la evaluación de los compuestos antimaláricos se realizó en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

"Probamos estos últimos contra una cepa sensible a la cloroquina del parásito causante de la malaria, el Plasmodium falciparum" afirma Esther Vicente.

"Y también fueron probados contra una cepa resistente a la cloroquina", agrega.

Los resultados del estudio, dicen los investigadores, comprobaron en el laboratorio la efectividad y toxicidad de los compuestos.

Resistencia

Tanto en malaria como en tuberculosis se presentan problemas parecidos porque los tratamientos contra ambas enfermedades son largos y difíciles.

"Cuando los tratamientos no se suministran bien o no se terminan apropiadamente se crean resistencias contra los fármacos existentes", dice la investigadora.

El nuevo compuesto podría ser una solución para la tuberculosis resistente a los medicamentos.
"Lo que se ha intentado con la malaria es hacer combinaciones de fármacos para evitar la resistencia, pero aún así se siguen desarrollando resistencias".

"En los últimos años se han descubierto más fármacos antimaláricos pero también se han ido desarrollando más resistencias a éstos" agrega.

Con la tuberculosis ha ocurrido un problema aún más grave, ya que actualmente circula en el mundo una cepa llamada TB XDR (tuberculosis extremadamente resistente).

Según la Organización Mundial de la Salud ésta es una cepa "virtualmente incurable" por su resistencia a todos los medicamentos disponibles en la actualidad.

Por eso, dice la especialista de la Universidad de Navarra, es urgente investigar nuevas sustancias porque las resistencias van en aumento.

Los nuevos compuestos desarrollados por el equipo están basados en la misma estructura, ambos derivados de la quinoxalina.

Pero las moléculas preparadas para cada enfermedad presentan pequeñas diferencias.

"La investigación ha tomado cuatro años -afirma Esther Vicente- y en las pruebas in vitro hemos demostrado que los compuestos son activos y potentes frente al parásito o a la bacteria".

"Y también sabemos que no son tóxicos, con lo cual el siguiente paso será probarlos en vivo", señala la investigadora.

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Las enfermedades genitales ulcerativas, la uretritis transmitida sexualmente y la circuncisión: un meta-análisis

Robert S Van Howe, MD, MS
Departamento de Pediatría, Michigan State University, College of Human Medicine, Marquette, MI, USA

Resumen: El objetivo del estudio fue determinar la relación del estado de la circuncisión con el riesgo de enfermedades genitales ulcerativas (EGU) y la uretritis transmitida sexualmente. Una búsqueda a través de MEDLINE y una revisión de las referencias en artículos publicados identificó estudios que enfocaban el riesgo de uretritis o EGU transmitidas sexualmente basado en el estatus de la circuncisión.

Meta-análisis, análisis de sensibilidad, y una exploración de sesgos de publicación fueron realizados. Treinta artículos llenaron los criterios de inclusión. Los datos de uno de los estudios fueron publicados dos veces.

Las EGU mostraron una tendencia hacia ser más comunes en hombres genitalmente intactos (resumen de razón cruzada de efectos al azar [random-effects summary odds ratio] [OR]=1.34, intervalo de confianza al 95% [IC]=0.98–1.82). Al comparar a hombres que tenían EGUs com hombres que tenían el ‘síndrome de supuración genital’ (SSG), los hombres incircuncisos tenían mayor probabilidad de tener una EGU (OR=2.31, IC 95%=1.70–3.15).

No hubo diferencia en el riesgo de chancroide basado en el estatus de la circuncisión (OR=0.91, IC 95%=0.40–2.05), gonorrea (OR=1.03, IC 95%=0.82–1.29), o infecciones por Chlamydia trachomatis (OR=0.62, IC 95%=0.32–1.19). Los hombres genitalmente intactos tenían menor probabilidad de ser diagnosticados con SSG (OR=0.83, IC 95%=0.67–1.01) o uretritis inespecífica (OR=0.80, IC 95%=0.64–1.01).

El ajuste de los datos para el sesgo de publicación en la literatura que aplica a las infecciones por clamidia dieron un OR resumen de 0.46 (IC 95%=0.22–0.97). Una heterogeneidad significativa entre estudios fue un hallazgo consistente.

En conclusión, los hombres genitalmente intactos pueden estar en riesgo aumentado de enfermedades genitalmente ulcerativas (EGU), en tanto los hombres circuncisos en general pueden estar en mayor riesgo de adquirir uretritis transmitida sexualmente, pero no hay diferencia estadísticamente significativa en el riesgo de infección gonocócica.

La heterogeneidad significativa entre estudios y la evidencia de sesgos de publicación excluyen la posibilidad de alcanzar una conclusión definitiva en relación a la asociación del estado de la circuncisión y estas infecciones de transmisión sexual.

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