jueves, julio 01, 2010

Noticias del Frente Cibernetico 018

Haití: un futuro incierto
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Niños haitianos juegan entre los escombros del terremoto

Por: Ramiro Pàmpols, sj., Fe y Alegría
Apeles, CRISTIANISME I JUSTÍCIA, Port-au-Prince, abril 2010

1. Pero ahí no acaba la dependencia económica.
Hoy muchas familias haitianas viven gracias a las remesas que llegan regularmente de la emigración. Lo demuestran las largas y diarias colas delante de los centros de recepción de Western Union o CAM. Los haitianos que viven en la República Dominicana o los EEUU, contribuyen en un porcentaje elevadísimo a los gastos diarios en alimentación, ropa o matrículas escolares de sus compatriotas y familiares.
Pero la emigración no genera solamente dependencia económica sino que representa una fuerte hipoteca de futuro. El éxodo masivo de profesionales haitianos supone una fuga de cerebros constante e imparable. Se habla de listas de espera tanto en la embajada canadiense como en la de los EEUU de más de 30.000 personas.

Sumemos a ellos los prácticamente tres millones de emigrantes haitianos por el mundo (800.000 en República Dominicana), tal vez los más fuertes y más decididos.

¿Cómo puede subsistir un país del que emigran los hombres y mujeres más dotados?

2. Unas desigualdades insalvables

De los grupos sociales que permanecen en el país, el más significativo por su poder económico, tal vez no alcance el 10% de la población. Estos “emprendedores” han puesto en marcha algunos negocios muy rentables, pero a cambio de apenas pagar impuestos y de contratar a los trabajadores por salarios casi miserables. No hay más que ver la lucha feroz de estos meses por subir un salario mínimo que había permanecido inalterable los últimos siete años en 70 gourdes (menos de dos dólares diarios).

Finalmente se llegó al acuerdo de que algunas empresas pagarían los 120 gourdes y el resto 125, aunque habrá que ver con qué rigor se va a supervisar estos acuerdos.
El resto de la población intenta sobrevivir a base del trabajo informal. Casi un 80% lo hace vendiendo frutas, legumbres y chucherías, aparte de algunos pequeños componentes para teléfonos móviles y complementos del automóvil o pequeñas herramientas. En mi opinión, Haití es uno de los países del mundo con menos productividad y valor añadido: millones de personas malviven al paso de los días con estas ínfimas ganancias.

Sin contar la multitud de niñas y niños que son enviados por sus padres a familias de acogida, y que viven hasta su adolescencia sufriendo toda clase de abusos. Son los pequeños sirvientes llamados “restavek” (del francés rest avec), una forma de “esclavitud moderna” tal como ha denunciado la misma ONU.

¿Cómo puede crearse en el país una incipiente clase media con estos trabajos y salarios de miseria?

3. Un gobierno inexistente

Una falta de liderazgo pleno y honesto marca, hoy por hoy, el actual Gobierno. El terremoto sólo ayudó a ponerlo de manifiesto: en las 24 primeras horas después del seísmo, el gobierno no había dado aún señales de vida ni había creado un gabinete de crisis para gestionar las primeras medidas de urgencia.

Sin una o varias nuevas generaciones de políticos, con nueva visión, tal vez al estilo del primer tiempo de Aristide (y por esto algunos gobiernos foráneos se preocuparon por desplazarle), y sin unas organizaciones cívicas, urbanas y rurales, y unos municipios con mayor autonomía, va a ser difícil dar un vuelco a una situación tan precaria y caótica.

Los partidos políticos mantienen este nombre pero apenas si puede decirse que lo son. Más bien son grupos de presión, con intereses muy particulares, por no decir personales, sin casi un programa que ofrecer a la ciudadanía y en ocasiones con candidatos que están bajo sospecha de haber cometido algún delito.
De nuevo, con esta “cultura política” ¿qué futuro nuevo puede ofrecerse al país?

4. Una sociedad civil muy tocada

La huelga de los estudiantes de Medicina y Farmacia está a punto de cumplir un año, mientras siguen reclamando que ciertos cursos no se conviertan en simples seminarios.
Sin biblioteca, sin medios para el transporte, sin facilidades para el comedor y con pocas becas, los más decididos optan por ir a Cuba a estudiar medicina.
¿Qué clase de cultura puede generar esta forma de vida? ¿Qué calidad puede tener la enseñanza universitaria, sin los medios más básicos?

La fuerte corrupción que afecta a todas las instituciones y en especial a la Justicia, a pesar del esfuerzo por reducirla, ha vuelto a reactivarse con la catástrofe. Pero no hablamos solamente de corrupción institucional.
El pueblo participa, incluso sin darse cuenta (y esto es lo más grave), de este juego peligroso que no permite ser transparente en la misma vida diaria. La pobreza misma, tan evidente en todas sus manifestaciones, llega a impedir el desarrollo de la propia libertad individual y lleva a reaccionar en la vida diaria a base de actitudes de autodefensa. Todos los medios se convierten en válidos para salir precisamente de una situación que pone en riesgo la vida personal, familiar o del propio clan o grupo humano.

No quiero acabar esta reflexión, sin referirme al papel que están ejerciendo las numerosas ONGs que pululan en el país, sin duda con buenas intenciones pero sin atender al fondo del problema. Mi convicción es la siguiente: sin unas ONGs lúcidamente politizadas, es decir, conscientes de las consecuencias políticas de sus actividades, es imposible que se ayude a Haití a valerse por sí mismo. Esta afirmación puede parecer dura e incluso injusta y acepto que se den algunas excepciones.
Pero permítaseme evocar un ejemplo bastante reciente del fracaso total de muchas ONGs: Nicaragua. En los años 80 y 90 fue el país que más ayuda solidaria recibió del exterior, especialmente de los países más sensibles a la nueva forma de sociedad que estaba intentando construir. En la actualidad es el segundo país más pobre de América Latina, después de Haití.

Claro que es preciso mencionar aquí el desgaste económico provocado por Reagan y Negroponte, su embajador en Honduras, en una guerra interminable de baja intensidad, que arruinó además, las bellas esperanzas de un pueblo que deseaba ser nuevo y diferente. ¿De qué sirvieron tantos millones de dólares, de los que, por otra parte, nunca se rindieron cuentas públicamente?

5. La "solidaridad" internacional

El esfuerzo de imaginación, creatividad y coraje político que Haití ha de desarrollar a partir de ahora es tan grande, que temo corra el peligro de caer una vez más en los brazos de ciertas “solidaridades internacionales” que éstas sí tienen muy claro cuál es su objetivo “ayudando” a la “reconstrucción” de un pueblo que merece otro destino. La lección dada por el tsunami asiático del 2004, no podemos olvidarla.

Los gobiernos prometieron grandes cifras que luego no han aportado en buena parte. Y lo que es peor: la mayoría de esa ayuda se ha destinado a construir grandes hoteles para turismo de lujo, dejando inermes (u obligando a desplazarse) a los pobres pescadores que vivían en aquellos lugares: de modo que del maremoto aquel se han beneficiado más las multinacionales del turismo que sus auténticas víctimas. Algo parecido puede repetirse en Haití, tras la innegable generosidad inmediata a la catástrofe. Pero en nuestro mundo no estamos obligados sólo a ser generosos, sino a controlar el destino de nuestra solidaridad.

6. Tres o cuatro pinceladas de esperanza
– Creo, sin embargo, que existe una verdadera capacidad organizativa desde las bases populares demostrada en un pasado no demasiado lejano, en los años 60 hasta los 80 que luego desaparecieron. Los actuales movimientos populares espontáneos (a causa de la hambruna), si se logran canalizar, podrían ser una fuente de energía y de cambio político y social, desde la base misma de la sociedad.

– Como observador atento a la vida diaria, contemplo en las horas “punta”, cómo circulan numerosos vehículos que aun medio destartalados, llenan las calles y avenidas principales de la capital y la zona metropolitana. Sin duda son una señal de una emergente clase media. También cada mañana, multitud de niños y jóvenes se dirigen a la escuela con sus variopintos uniformes y en las dos universidades más importantes de la República Dominicana estudian más de seis mil jóvenes haitianos.

– El mundo cultural haitiano (historia, literatura, poesía, pintura, novela, música) es de una riqueza extraordinaria. Falta, a mi entender, una inquietud política de fondo, una denuncia y una pasión implacables de aquello que observan a su alrededor. Faltan Jaques Roumain apasionados por su país.

– Pero presiento que los cimientos de Haití van a temblar cuando hombres y mujeres de las nuevas generaciones, se pongan honestamente al servicio de su pueblo. Basta con leer las palabras pronunciadas por Colette Lespinass del Groupe d’Appui aux Rapatriés et aux Réfugiés (GARR), el 31 de marzo en las Naciones Unidas, durante la Conferencia de donantes: “No habrá desarrollo en Haití, sin el pueblo haitiano. No habrá desarrollo sin las mujeres”.

– Mientras escribo, en estos días de reconstrucción y entrega de alimentos indispensables, se están celebrando reuniones en nombre de la sociedad civil, para reflexionar sobre cómo enfocar la vida del país en el futuro. He asistido a dos de estas iniciativas y he comprobado que su lenguaje, sus perspectivas políticas, sus reivindicaciones sociales son de un tono absolutamente nuevo. No es exagerado pensar que está emergiendo un nuevo país.

Queda, pues, sin lugar a dudas, la hermana pequeña, la esperanza, como solía decir Charles Péguy. Ella seguirá acompañando a quienes amamos a este pueblo, a pesar de su historia y de acontecimientos tan devastadores como el terremoto que acabamos de padecer.

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Ramiro Pàmpols, sj., sacerdote obrero de Cataluña. Director adjunto de las escuelas rurales Foi et Joie (Fe y Alegría) Puerto Príncipe.
Notas:

1. Christian Broadcasting Network, 14 de enero de 2010
2. Ignacio Ramonet, Le Monde Diplomatique, febrero 2010, Núm 172
3. Ver el capítulo 18 (“Despejando la playa”) del libro de Naomi Klein: La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Barcelona Paidós 2007.

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GUERRA CIBERNETICA
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Por: Enrico Piovesana. 25 de junio, 2010.
Texto original en Peace Reporter - Italia. Traducción Susana Merino.

Las asociaciones usamericanas por los derechos civiles y la defensa de la libertad de los ciudadanos se hallan seriamente preocupadas por el riesgo de militarización de las redes informáticas nacionales.

Disparó la alarma la decisión de la administración Obama de transformar la conocida Oficina para la Seguridad Nacional (NSA) – el Gran Hermano que espía todas las actividades y las comunicaciones electrónicas de la población de los EEUU – en un comando militar interfuerzas enteramente dedicado a la guerra cibernética.

El viernes pasado, el secretario de Defensa Robert Gates, designó al director de la NSA, general Keith Alexander, a cargo del recién nacido Ciber Comando, que comenzará a operar en octubre en Fort Meade, Maryland (en la misma sede de la NSA) y coordinará a cerca de 90 mil “soldados digitales” pertenecientes a cuatro nuevos comandos cibernéticos recientemente creados en las diferentes armas (ejército, marina, aeronáutica y marines*).

El objetivo del Ciber Comando explica el Pentágono será el otorgar a los Estados Unidos una capacidad de combate, ofensivo y defensivo, no solo en el plano terrestre, aéreo y marítimo, sino también en el nuevo y aún más estratégico terreno de las redes informáticas y del “ciberespacio”.
En concreto, los hombres del general Alexander deberán defender los sistemas informáticos nacionales del ataque de los “hackers” y cuando fuere necesario conducir “operaciones militares de amplio espectro” para prohibir a los adversarios la “libertad de acción en el ciberespacio”.

Para los defensores de las libertades civiles.

Los “adversarios” contra los que podrá actuar un aparato militar de estas características no serán solo los piratas informáticos chinos o de otras nacionalidades sino los mismos ciudadanos usamericanos, que ya son víctimas del espionaje informático de la NSA y de otros inquietantes programas de vigilancia activados luego del 11 de setiembre de 2001 como es el Information Awareness Office (un proyecto antiterrorista del Pentágono oficialmente desactivado en el 2003, pero continuado por la misma NSA).

Respaldan estos temores por otra parte, la anunciada colaboración entre el Ciber Comando y el Departamento de Seguridad Interna confirmada por el mismo vicesecretario de Defensa William Lynn III.

Los temores por una posible violación de la privacidad de los ciudadanos por parte del nuevo comando son igualmente compartidos en los ambientes políticos e institucionales de Washington. Tanto es así que el pasado 15 de abril la Comisión sobre las Fuerzas Armadas del Senado usamericano llamó al general Keith Alexander a testimoniar exactamente sobre estos riesgos. Él garantizó en dicha oportunidad, que las leyes y los derechos de los ciudadanos serán respetados, pero su declaración no convenció al presidente de la Comisión, el senador Carl Levin quién expresó tener serias dudas sobre los marcos legales, tanto nacionales como internacionales, en que operará el Ciber Comando.

Según varios comentaristas y expertos informáticos, como por ejemplo Evgeny Morosov, el énfasis y la alarma de la administración Obama con relación a la amenaza informática a la seguridad nacional usamericana procedente de redes terroristas o de países no amigos ha sido voluntariamente exagerada para justificar la creación de nuevas estructuras de seguridad cuyo objetivo es en realidad aumentar el control y la vigilancia de la población, sobre todo en los ámbitos más “libres” como las redes Internet – redes que por otra parte, en los mismos documentos estratégicos del Pentágono es considerada como algo “a combatir como si fuese un sistema armado enemigo”

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Represión Política en Puerto Rico contra estudiantes
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Estudiantes universitarios toman las calles durante una huelga


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La libertad de los campesinos y de los obreros les pertenece y no puede ni debe sufrir restricción alguna. Corresponde a los propios campesinos y obreros actuar, organizarse, entenderse en todos los dominios de la vida, siguiendo sus ideas y deseos. (Ejercito Negro Makhnovista, Ucrania, 1917).