jueves, octubre 07, 2010

Noticias del Frente Patrimonial 037

11 DE OCTUBRE: GUABANCEX VIENTO Y AGUA INVITA
LA ULTIMA NOCHE EN QUE REINO LA LIBERTAD EN ABYA YALA, VISPERA DE LA OCUPACION MILITAR DE LOS VERDADEROS SALVAJES
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Logo de la Fundacion Guabancex Viento y Agua

Homenaje a Tres de Nuestros Héroes Originarios olvidados: Caonabo, Anacaona y Bohechío
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Programa tentativo:

Palabras de bienvenida y motivación del Homenaje
Manifiesto de Guabancex Viento y Agua: "La resiliencia del pensamiento taino"
Encendido de velas en forma de cemi trígonolítico en honor a Nuestros Tres Héroes
Lectura de poemas: José Enrique Méndez, Armando Almanzar Botello, Eduardo Gautreau de Windt, Fernando Hernández Cruz, Sobiesky de León *
Areyto musical: Geo Ripley, José Duluc, Boynayel Mota, Glaem Parls
Comunión e intercambio de porciones de torta de casabe y mabí.
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Lunes, 11 de octubre, 2010, 7:00-8:30 de la noche, Plaza Fray Bartolomé de Las Casas, Arzobispo Meriño esquina Padre Billini, Ciudad Colonial
* Otros poetas y músicos que quieran participar, favor dejárnoslo saber a la mayor brevedad posible para incluirlos/as en el programa final
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Medición del Gasto en SIDA, República Dominicana, 2008
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El Dr. Gustavo Roja Lara, director de COPRESIDA, se dirige a los jovenes de Guachupita

Estudio realizado por la Fundacion Plenitud, con los auspicios de ONUSIDA y COPRESIDA

Resumen ejecutivo

La Medición del Gasto en SIDA (MEGAS) es una herramienta básica, diseñada por ONUSIDA, para supervisar el cumplimiento de las funciones de seguimiento y evaluación de los recursos provenientes de fuentes internas y externas que se invierten en los países para dar respuesta a la epidemia del VIH y el SIDA. MEGAS se basa en una metodología transparente, accesible y fácil de implementar, con el objeto de rastrear los flujos de financiamiento y gasto vinculados a las intervenciones realizadas en respuesta a la epidemia del SIDA.
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Esto es importante, dado que mediante el rastreo sistemático del gasto en SIDA se hace factible dar seguimiento de políticas nacionales, lo que permite tomar decisiones adecuadas sobre el curso de los programas. El Consejo Presidencial del SIDA (COPRESIDA), con el apoyo de ONUSIDA, se abocó a la realización del estudio sobre la Medición del Gasto en SIDA (MEGAS), para lo cual contrató a la Fundación Plenitud.
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En tal sentido, siguiendo la metodología recomendada por ONUSIDA, procuramos estimar el monto total de los recursos que se asignan para la respuesta nacional ante la epidemia, identificando las funciones, factores de producción y la población beneficiaria de dichas inversiones, es decir, el punto de partida de los fondos y su destino final. La Medición del Gasto en SIDA (MEGAS) se realizó para el año 2008, identificando cómo se movilizan los recursos a través de los distintos actores del sistema nacional implementado en la República Dominicana para dar una respuesta a la epidemia del VIH/SIDA.
Esto permite dar respuestas a las preguntas cardinales de: ¿De dónde vienen los recursos? (Fuentes de Financiamiento) ¿Quién decide el uso los recursos? (Agentes Financieros) ¿A dónde van los recursos? (Proveedores de servicios sociales y de salud)
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MEGAS presenta los flujos financieros en sus seis dimensiones, que son: las fuentes, los agentes, los proveedores, las categorías del gasto, los factores de producción y la población beneficiaria.
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Los resultados del estudio indican que el gasto nacional en SIDA ascendió en el año 2008, a RD$ 1,077 millones, equivalentes a US$ 31.3 millones, de los cuales, el 49% fue financiado con fondos internacionales, el 26% con fondos privados y el 25%, con fondos públicos. El 95% de los fondos internacionales (y el 40% del total), fue aportado por el Fondo Mundial. El 98% de los fondos privados (y 25% del total), correspondió a los hogares. El 62% de los fondos públicos (y 16% del total), fue aportado por el gobierno central, el resto correspondió a un préstamo del Banco Mundial.
Con relación al total de recursos asignados a la Respuesta Nacional indicados arriba, las decisiones sobre cómo invertirlos -- agentes de financiamiento -- correspondieron al gobierno para el 66% de los fondos, dentro del cual COPRESIDA administró la mitad de los recursos. El sector privado, esto es, los hogares dominicanos, gastaron el 53% de los fondos y los agentes del exterior administraron el 6% de los mismos. Estos últimos se refieren principalmente a las agencias de las Naciones Unidas, que ejecutan directamente sus presupuestos, así como al gobierno de los Estados Unidos, que lo hace directamente o a través de entidades contratadas para ejecutar proyectos.
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La provisión de los servicios relacionados con el SIDA es realizada por instituciones públicas y privadas, estas últimas con o sin fines de lucro. Las instituciones del gobierno son las principales proveedoras, con el 46% del valor de los bienes y servicios, y, dentro de éstas, COPRESIDA ejecuta directamente la entrega de los mismos, con en el 42% del total entregado por los proveedores públicos (el 20% del gasto total). Los hospitales de SESPAS, las SAIs y los laboratorios y otros medios de diagnóstico, ejecutan el 25% del gasto de los proveedores públicos (12% del total). El 28% del gasto en SIDA es ejecutado por proveedores privados sin fines de lucro, pero sólo el 5.5% corresponde a las SAIs que funcionan en ONG. Un 22.2% corresponde a instituciones de la sociedad civil, que reciben fondos de diferentes agentes, tanto nacionales como internacionales, pero que no administran programas de atención y tratamiento.
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En relación con los proveedores que son empresas privadas con fines de lucro, estos ejecutan el 18% del gasto en SIDA. El grueso de estos recursos, un 13%, corresponde a las farmacias, que venden condones y medicamentos a los hogares. Las partidas que corresponden a medicamentos, consultas, exámenes de laboratorios y otros, fueron estimadas en base a consultas con expertos, por lo que es posible que se encuentren subestimadas. En cuanto a las principales categorías de gasto en SIDA (o funciones), puede observarse que la principal de ellas es (40%) es la atención y el tratamiento. Le sigue la gestión y administración de programas (29%) y, en tercer lugar, la prevención (25%). La terapia ARV constituye la principal partida de gasto (19.5%) seguida de la planificación, coordinación y gestión de programas, y en tercer lugar, los condones (9%).
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Otras partidas importantes son: la vigilancia de laboratorios (5%), la profilaxis y tratamiento ambulatorio de infecciones oportunistas (4.7%), el mejoramiento de la infraestructura (3%), la prevención de ITS (2.9%) y la prevención de la transmisión vertical (2.3%). Si se clasifica el gasto por factores de producción (u objeto del gasto), se observa que el 94% de los mismos son de tipo corriente y el resto, de capital. Dentro del gasto corriente, el 62% del total, corresponde a materiales y suministros y el 28% a la renta del trabajo, que incluye los salarios y otras remuneraciones al trabajo.
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Las principales partidas clasificadas por factores de producción son las siguientes: en primer lugar, los condones, que representan el 9% del gasto total, en segundo lugar los ARV, con el 7%, luego los viajes y servicios de transporte, con el 6.5%, siguiéndole la logística de eventos, incluido el catering, con un 3.4%, los reactivos y materiales, con un 2.2% y los alimentos y nutrientes, con un 2%. En lo que concierne a la clasificación del gasto por población beneficiaria, los resultados pueden resumirse como sigue: el 40% del gasto en SIDA se destina a las personas que viven con VIH; un 16%, a la población general.
Las poblaciones más expuestas (PR, HSH, CDI, otras), reciben un 1.2% del gasto. Las otras poblaciones clave (dentro de las que se incluyen los HNV, migrantes, niños de la calle, personas privadas de libertad, transportistas, entre otras), reciben el 4.4% del gasto. Las poblaciones accesibles específicas (estudiantes, militares, policías, empleados de fábrica), reciben el 0.8% del gasto en SIDA. Una proporción importante del gasto no puede ser clasificado por población, como el gasto en gestión de programas, así como otros que no permiten identificar la población. Estas partidas se incluyen en intervenciones no dirigidas, que contiene el 38% del gasto total en SIDA durante el año 2008.
Estos resultados se compararon con los de otros países de la región latinoamericana y del Caribe, llegando a la conclusión de que nuestro país gasta menos que otros en relación con el gasto nacional en salud, sobre todo tratándose de uno de los países que posee una prevalencia más alta en la región, y de que comparte la isla con Haití, que es el que tiene la mayor prevalencia, es más pobre y recibe una fuerte migración desde la porción occidental de la isla.
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Asimismo, se observó que el programa nacional del SIDA depende fuertemente del financiamiento internacional y que recibe muy poco apoyo del presupuesto nacional. En especial, el tratamiento de las personas infectadas es dependiente de los fondos externos y, por lo tanto, no está sustentado sólida y viablemente. Se sugiere el aumento de los fondos públicos, particularmente, de la inclusión del tratamiento dentro del régimen subsidiado de la seguridad social.
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También se observa una elevada proporción del gasto destinada a la gestión y administración de los programas, lo que sugiere problemas de eficiencia. Aunque pareciera haber poco énfasis en la prevención, esto requiere de investigaciones adicionales, para determinar la efectividad de las diferentes intervenciones en el proceso de detener la propagación de la epidemia. Para ello es imprescindible fortalecer el programa de monitoreo y evaluación, tanto de la epidemia en sí como de las acciones dentro de la respuesta nacional.
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¿EN NOMBRE DE QUÉ?
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Frei Betto, un profeta de nuestro tiempo

Por: Frei Betto, Adital, 6 de octubre, 2010
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Muchos padres, profesores y sicólogos se quejan de que una parte importante de la juventud carece de referencias morales. Innumerables jóvenes se zambullen de cabeza en la onda neoliberal de relativización de los valores. Vuelven público lo privado (véase YouTube), son indiferentes a la política y a la religión, practican el sexo como deporte y, en materia de valores, prefieren los del mercado financiero.
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Soy de la generación que cumplió los veinte años en la década de 1960. Generación literalmente innovadora (la bossa era nueva, el cine era nuevo, etc.), que se inyectaba utopía en las venas y se dirigía por ideologías altruistas. Sólo queríamos cambiar el mundo. Derribar las dictaduras, el hambre y la miseria, las desigualdades sociales, el imperialismo y el moralismo.
En nombre del mundo sin opresión, que muchos de nosotros identificábamos con el socialismo, luchamos por la emancipación de la mujer, contra el apartheid y en defensa de los pueblos indígenas. Sobre todo trajimos al centro de la atención la cuestión ecológica.
Ya la generación de nuestros padres creía en la indisolubilidad del matrimonio, en la virginidad preconyugal como valor, en la religión como inspiradora de la conducta moral, en la superioridad de la producción sobre la especulación. En nombre de Dios las conciencias estaban marcadas por el estigma del pecado.
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Todas las generaciones tienen aspectos positivos y negativos. Si la mía se nutrió de ideologías libertarias, que inocularon en ella el espíritu de sacrificio y de solidaridad, la de mis padres creyó en la perenne estabilidad de las cuatro instituciones básicas de la modernidad: la religión, la familia, la escuela y el Estado.
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Esta generación de la primera mitad del siglo 20 no logró superar el patriarcalismo, el prejuicio respecto a quien no le era racial y socialmente semejante, la fe positivista en los beneficios universales de la ciencia y de la tecnología.
La generación posterior, la de la segunda mitad del siglo pasado, promovió la ruptura entre sentimiento y sexualidad, idealizó los modelos soviético y chino de socialismo, con sus gulags y sus ‘revoluciones culturales’, y hoy cambia la militancia revolucionaria por el derecho a ser burguesa sin culpa.
Ahora bien, la creciente autonomía del individuo, pregonada por el neoliberalismo, hace que muchos jóvenes se pregunten: ¿en nombre de qué debemos aceptar otras normas morales además de las que yo decido que me convienen? Y las adoptan convencidos de que ellas tienen plazo de validez tan corto como la hamburguesería de la esquina.
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Si la represión marcó a la generación de mis padres y la revolución (política, sexual, religiosa…) la de mi juventud, hoy el estímulo a la perversión amenaza a los jóvenes. Se respira una cultura de desculpabilización, ya que, en la travesía del río, se dio la espalda a la noción de pecado y todavía no se avanzó en la interiorización de la ética. Parafraseando a Dostoievski, es como si Dios no existiese y por tanto todo estuviera permitido.
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¿Quién es hoy el enunciador colectivo capaz de dictar, con autoridad, el comportamiento moral? ¿La Iglesia? La católica ciertamente no, pues las encuestas demuestran que la mayoría de sus fieles, a pesar de las prohibiciones oficiales, usa preservativo, no valora la virginidad prematrimonial y frecuenta los sacramentos después de haber contraído una nueva relación conyugal. Las evangélicas todavía insisten en el moralismo individual, sin sentido crítico sobre el carácter antiético de las estructuras sociales y la naturaleza inhumana del capitalismo.
¿Dónde está la voz autorizada? El Estado ciertamente no lo es, ya que establece sus decisiones de acuerdo con el juego del poder y de la contienda electoral. Hoy condena la deforestación de la Amazonía, los transgénicos, el trabajo esclavo, y mañana aprueba lo que haga falta para no perder apoyo político.
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El enunciador colectivo, el Gran Sujeto, existe: es el Mercado. Él corrompe niños, induciéndolos al consumismo precoz; corrompe jóvenes, seduciéndolos para priorizar como valores la fama, la fortuna y la estética individual; corrompe familias a través de la hipnosis colectiva televisual que expone en los hogares el entretenimiento pornográfico. Y para proteger sus intereses el Mercado reacciona violentamente cuando se le pretende imponer límites. Furioso, grita que es censura, es terrorismo, es estatización, es sabotaje. ¿Las generaciones futuras conocerán la barbarie o la civilización? ¿La neurosis de la competitividad o la ética de la solidaridad? ¿La globocolonización o la globalización del respeto y de la promoción de los derechos humanos, que es la dimensión social del amor?
Padres, profesores, sicólogos, y todos cuantos se interesan por la juventud, están siendo desafiados a dar una respuesta positiva a tales cuestiones.
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Informar no es comunicar
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No es lo mismo ni se escribe igual

Por Alfonso Gumucio-Dagron, Página 12, 06 10 10, Guatemala
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Los medios de comunicación masiva no existen, son una mentira. Ya lo escribió Antonio Pasquali en 1963 y más recientemente lo han repetido hasta el cansancio Dominique Wolton (1) y Eduardo Vizer, entre otros. Pero por algún motivo, en la jerga común seguimos hablando de “medios de comunicación” en lugar de usar las palabras que se ajustan más a su naturaleza real: medios de difusión o medios de información (aunque algunos dirán que desinforman, en lugar de informar).
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Casi cincuenta años atrás Pasquali manifestaba su “repugnancia” frente al uso equivocado de los términos: “La expresión medio de comunicación de masas (mass-communication) contiene una flagrante contradicción en los términos y debería proscribirse. O estamos en presencia de medios empleados para la comunicación, y entonces el polo receptor nunca es una ‘masa’, o estamos en presencia de los mismos medios empleados para la información, y en este caso resulta hasta redundante especificar que son ‘de masas’” (2).
La frecuente confusión entre información y comunicación contamina todos los ámbitos, y entre ellos la academia, donde los periodistas pasaron de la noche a la mañana a llamarse “comunicadores sociales”. Sin embargo, el contenido de las carreras de comunicación no ha variado sustancialmente de lo que fueron hace cinco décadas. Sólo el nombre cambió, para incluir la publicidad, las relaciones públicas o la llamada “comunicación organizacional”, pero los contenidos siguen anclados en el servicio a los medios (prensa, radio, cine, televisión), ignorando por lo general los procesos de comunicación.
En la medida en que no se establece la distinción entre periodistas y comunicadores, tampoco se ve la diferencia entre mensajes (información) y procesos (comunicación). La confusión es generalizada no solamente entre el común de los ciudadanos, sino también entre los especialistas del tema, a quienes habría que recordarles el origen etimológico de la palabra comunicación (communio), asociada a “compartir”, “poner en común” y “participar”. La comunicación no tiene un solo polo generador de sentidos, sino múltiples. Muy diferente es el periodismo porque in-forma verticalmente, es decir dictamina y da forma (¿a aquello que es “informe”?).
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Cuando hace años hice un recorrido de las maestrías y posgrados con énfasis en la comunicación como proceso, quedé sorprendido de encontrar que había menos de 25 universidades en todo el mundo donde se formaban comunicadores con una visión estratégica del desarrollo y el cambio social. Todas las demás maestrías estaban dirigidas hacia los medios o las empresas, y algunas a retroalimentar el campo académico de las ciencias de la comunicación. En otras palabras, las universidades producen masivamente periodistas, cerca de 50 mil cada año, pero solamente un puñado de especialistas de la comunicación.
Hay quienes no ven aún con claridad los rasgos que distinguen a un periodista de un comunicador. Sin embargo es tan simple como transitar por una calle en un solo sentido y por otra en dos sentidos.
Como periodista en ejercicio desde hace cuatro décadas actúo sobre la realidad inmediata y expreso mi pensamiento sin necesidad de consultar con nadie; hasta mi artículo más “neutro” es una toma de posición personal. El oficio del periodismo nos hace productores de mensajes escritos o audiovisuales y nos mantiene atados a los instrumentos.
Como comunicador asumo un papel diferente, el de un facilitador de procesos de comunicación participativa y horizontal, en los que aporto con mis conocimientos y técnicas en favor de decisiones y acciones colectivas, y los pongo en diálogo con otros conocimientos y experiencias.

El comunicador piensa en procesos estratégicos, no en mensajes inmediatos.
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Eduardo Vizer nos dice que históricamente hay una visión “informacional” de la comunicación, de carácter eminentemente funcional y pragmático, a la que se le opone una visión de carácter crítico y “humanista”: “Para los teóricos de la información de mediados del siglo XX, preocupados por lograr la correspondencia precisa entre información y realidad objetiva, la información representaba entonces una estructura “económica, eficaz y eficiente” de organización de datos, la representación de un objeto, un hecho o una realidad prácticamente física y exterior, representada fielmente en signos codificados y transmisibles. En cambio, la noción de comunicación es mucho más amplia, rica e indefinida, asociada con la construcción de la socialidad, los vínculos, la expresión cultural y subjetiva” (3).
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Las palabras sirven a veces para confundir... No cuesta mucho usarlas con propiedad. No soy amigo de las definiciones de hierro, inamovibles y elaboradas con bisturí, pero sí de una comprensión semántica que nos aproxime a la verdadera naturaleza de las palabras que usamos.

Notas

1) Wolton, Dominique: (2009) Informer n’est pas communiquer, París, CNRS.
2) Pasquali, Antonio: (1963) Comunicación y Cultura de Masas, Caracas, Monte Avila Editores.
3) “Dimensiones de la comunicación y de la información: la doble faz de la realidad social”, en Signo & Pensamiento 55, pp. 234-246; volumen XXVIII, julio-diciembre 2009.
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Comunicador, especialista en comunicación y desarrollo

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Abriendo el album de los recuerdos (publicado en facebook)
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Jose Duluc y los Guerreros de Fuego, en el mitico Punto Clave, a principios de los 1980s: La lucha no es de ahora.

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Gaga batey San Luis

Viernes 15 de octubre, 2010, 7:00 de la noche. Centro Cultural de España, Arz. Meriño #2, esquina Arzobispo Portes, Ciudad Colonial, Santo Domingo, Rep. Dominicana.

Mas informacion: kiskeyafilmsrecords@gmail.com