miércoles, octubre 17, 2012

Noticias del Frente Historiografico 121

El Gobierno portugués presenta un presupuesto con más recortes y más impuestos




El Ejecutivo quiere subir la presión fiscal, suprimir interinos, recortar en empresas públicas y reducir las prestaciones que reciben desempleados y enfermos.

EFE, LISBOA, Diario de Sevilla, 16 10 12

El Gobierno portugués entregó al Parlamento su propuesta de Presupuestos para 2013, que incluye un agravamiento de los ajustes y de la carga impositiva para reducir el déficit público y no fallar los compromisos del rescate financiero. Los severos recortes que plantea el Ejecutivo del primer ministro, Pedro Passos Coelho, están valorados en 5.300 millones de euros (cerca del 5,5% del PIB luso), de los cuales el 80% proceden de los ingresos públicos, principalmente por el aumento de la presión fiscal, y el restante 20% del lado del gasto estatal.

Sólo con el incremento de los impuestos, calificado por el ministro de Finanzas luso, Vítor Gaspar, de "muy significativo", el Ejecutivo espera recaudar 4.300 millones de euros, de los que más de 2.800 millones procederán de la subida de las tasas sobre la renta. El gasto público se reducirá finalmente en 1.026 millones de euros a través de la supresión de interinos, la reducción de las plantillas en algunas empresas públicas y cortes en las prestaciones, que compensarán la reposición de uno de los dos subsidios retirados a funcionarios y pensionistas en 2012. También bajará el precio pagado por hora extra trabajada en el sector público y se recortará el subsidio que cobran desempleados y enfermos.

"Tenemos un margen de maniobra muy escaso", argumentó el ministro de Finanzas durante la presentación de esta propuesta de Presupuestos, e insistió en que Portugal es un país intervenido por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que, por ello, ha visto reducida su autonomía. El documento elaborado por el Ejecutivo pasará en las próximas semanas por el Parlamento para ser discutido, aunque su aprobación se da por segura debido a la mayoría absoluta con la que cuenta la alianza entre los conservadores socialdemócratas (PSD) y democristianos (CDS-PP).

"Cuestionar el presupuesto es cuestionar el propio proceso de ajuste", recalcó Gaspar, quien defendió que el plan del Gobierno es la única alternativa posible dadas las conclusiones de la última visita trimestral al país realizada el pasado mes de septiembre por la misión de la UE, el FMI y el Banco Central Europeo. La troika alabó entonces los esfuerzos de Portugal a la hora de aplicar el programa de ajustes y reformas acordado a cambio de su rescate financiero de 78.000 millones de euros y aceptó, por este motivo, flexibilizar sus metas de reducción del déficit, que pasaron del 4,5 al 5% del PIB en 2012 y del 3 al 4,5% del PIB en 2013.

La oposición de izquierdas y los principales sindicatos lusos ya censuraron los presupuestos del Gobierno, al que acusan de perjudicar a la clase media y baja con el aumento de la carga fiscal. Además, advirtieron del riesgo de entrar con estas medidas en una "espiral de recesión" en un país cuyo PIB se espera que caiga cerca del 3% en 2012 y cuya tasa de desempleo repuntará hasta el 16%.

Incluso tres de los cuatro jefes de Estado que ha tenido Portugal desde la instauración de la democracia en 1974 (los socialistas Mário Soares y Jorge Sampaio, así como el conservador Aníbal Cavaco Silva) ya han alzado la voz para mostrar su oposición a nuevos recortes. Precisamente, el actual presidente luso, Cavaco Silva -histórico dirigente del ahora gobernante Partido Social Demócrata-, hizo una velada referencia a la situación de Portugal al considerar incorrecto "exigir a un país en proceso de ajuste presupuestario que cumpla a todo coste con sus objetivos de déficit".

A estas críticas se suman las continuas protestas ciudadanas celebradas prácticamente a diario por todo el país y que adquirieron especial envergadura el pasado 15 de septiembre, cuando más de 600.000 portugueses exigieron poner fin a la austeridad. Este mismo lunes, cientos de manifestantes participaron en una iniciativa pacífica para rodear el Parlamento en Lisboa, inspirada por la ocurrida a finales de septiembre en la capital de España y que obligó a cortar al tráfico las calles adyacentes.

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Un aniversario con un gustillo agridulce...

Artículos Alberto (AE), En clave de África, 14 10 12

El pasado 9 de Octubre, Uganda cumplió 50 años de independencia. Desde aquel lejano día del 1962, mucha agua ha pasado por debajo del puente y muchas cosas han cambiado.

En las semanas previas a este evento, bastantes rotativos han publicado interesantes series históricas de los diferentes periodos de estos 50 años y los eventos que han jalonado la trayectoria de una Uganda independiente y libre del poder colonial. En un esfuerzo que me ha parecido muy loable, estos diarios han evitado la tentación de dejar de lado las referencias a los momentos o estadistas más nefastos que ha tenido este país (Amín y Obote, por ejemplo). En un ejemplar ejercicio de memoria histórica (me parece que aquí más de un país tendría que aprender, y no estoy mirando a nadie) se ha hablado de las luces y las sombras de estos cincuenta años, se ha hablado y rememorado a todas las víctimas y – apelando a la unidad de las diferentes tribus y grupos étnicos y a la pertenencia común a este país – se han hecho votos para que la estabilidad y la paz sigan siendo la norma y no la excepción en los años venideros.

Como se pueden imaginar, estas celebraciones tienen un gustillo agridulce porque por un lado se mezcla la inflada retórica oficialista (se habla por ejemplo de “50 años de éxitos” en la infraestructura de obras públicas cuando el país cuenta con un sistema ferroviario en parte extremadamente deficiente y en parte colapsado después de años de inactividad) con la cruda realidad de un país que – a pesar de los innegables avances que ha habido – todavía sigue bregando por ejemplo con una terrible estadística del 54 de cada mil recién nacidos mueren en el primer año de vida (no he contrastado estas cifras, las tomo de un diario nacional) o del hecho que cada día mueren 6 ugandesas dando a luz.

Esta celebración ha sido una oportunidad única para poder reflexionar sobre lo que Uganda podría ser con todo el potencial que tiene y sobre lo que no ha podido ser simplemente porque ha habido factores algunos irremediables pero otros bien deliberados tales como la corrupción, la falta de transparencia y un sistema político que promueve el “patronazgo” y el clientelismo más que el servicio desinteresado a la cuidadanía.

Uno de los símbolos de lo que está realmente pasando en el país se ha mostrado de manera muy gráfica con el flamante Mercedes Benz de clase especial preparado expresamente para el presidente Museveni en la factoría de Stuttgart con todos los avances de seguridad y comfort posibles que ha costado (según estimaciones) un millón de Euros al erario público. Eso mientras el estado en los tres últimos años se ha declarado insolvente para pagar el fondo estatal de becas y ayudas al estudio, aparte del muy necesario apoyo que necesitan sectores tan fundamentales como la sanidad o la infraestructura (el presidente se ha enfrentado hace unos días a varios parlamentarios por su decisión de reforzar el presupuesto de defensa y rebajar el de sanidad).

Esa es la triste realidad. Ahora ya ha pasado el glamour de la celebración, los 15 jefes de estado que asistieron a la magna ceremonia se fueron por donde habían venido y el sufrido ciudadano vuelve también a su rutina diaria, sabiendo que las va a pasar canutas para llegar a fin de mes, para pagar el colegio de sus hijos (que en teoría es gratis) y pidiendo a Dios que no se enferme porque cualquier gasto de sanidad va a ser un pozo sin fondo para las magras arcas domésticas. Ojalá que la Uganda de los 100 años de independencia tenga perspectivas más risueñas que la de los 50 (y nosotros que lo veamos).

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Baumgartner: “Pensé durante unos segundos que perdía el sentido”

El paracaidista austriaco salta desde 39,000 metros de altura y se convierte en el primer hombre en romper la barrera del sonido sin propulsión

Por: Alicia Rivera, Madrid, El País, 16 10 12

El austriaco Felix Baumgartner batió el domingo el récord de salto desde más altura jamás realizado, el de la mayor altura lograda con un globo tripulado y el de la mayor velocidad en caída libre. En una gesta estratosférica, seguida por millones de personas en televisión e Internet, Baumgartner reventó un récord vigente desde 1960. Además, alcanzó una velocidad de 1.341,9 kilómetros por hora, según la organización (1,24 veces la velocidad del sonido). Eso le convertiría en el primer hombre en superar, sin propulsión, la velocidad del sonido a esa altura.

Más de dos horas y media le costó ascender a la estratosfera. Lo hizo en una cápsula presurizada colgada de un globo estratosférico. Así llegó hasta una altura de 39.068 metros, superando por casi 3.000 metros el reto que se había marcado. Luego abrió la escotilla de la cápsula y saltó al vacío. Tardó nueve minutos en volver a la superficie terrestre —el último tramo, con el paracaídas desplegado— y apuntarse un triunfo que millones de personas siguieron en directo por Internet transmitido desde Roswell, en el desierto de Nuevo México, EE UU.

“Ha sido más difícil de lo que nos esperábamos”, declaró en su primera entrevista a la televisión austríaca Servus. “Durante unos segundos pensé que iba a perder el sentido”, agregó, debido a la violencia de la caída por la velocidad de 1.341,9 kilómetros por hora que, según la organización, alcanzó en los primeros 40 segundos (en un primer momento se anunció una velocidad de 1.136 kilómetros por hora).

“Estás bajo presión, no sientes el aire”, declaró. Baumgartner no quiso abrir un paracaídas especial para estabilizar el descenso: “Desde el punto de vista de la consciencia, siempre he sabido lo que sucedía”, declaró.

El deportista no ocultó su alegría y al llegar a tierra abrazó a sus padres y su novia, que habían seguido al borde de las lágrimas la aventura, especialmente su madre, Eva, que no pudo evitar llorar. "A veces tenemos que llegar muy alto para ver lo pequeños que somos", declaró a la prensa poco después el deportista. "Cuando uno está de pie en la cima del mundo, se es demasiado humilde como para pensar acerca de los récords", agregó.

Con su arriesgadísima excursión a la estratosfera, Baumgartner, de 43 años, fulminó el récord anterior de altura del salto, fijado en 1960 en 31.333 metros. El héroe de hace 52 años tiene ahora 84, se llama Joe Kittinger, y se mantuvo en contacto desde la sala de control con el austríaco durante el ascenso de la cápsula. La aventura, patrocinada por la marca de bebidas Red Bull, se planteó hace años y ha hecho falta mucho trabajo del equipo de ingenieros, expertos paracaidistas y médicos para hacerla realidad. El salto fue pospuesto el pasado martes debido a los fuertes vientos.

Este domingo, a las 17.30, hora peninsular española, la cápsula con Baumgartner, vestido con su especial traje presurizado, empezó a ascender el cielo de Nuevo México. Casi una hora después, a las 18.30, había cruzado el ecuador inicialmente previsto de su viaje, a 18.000 metros de altura, y siguió subiendo colgado del globo, hecho de un finísimo material plástico e inflado con helio. Cámaras dentro y fuera de la cápsula mostraban la impertérrita cara de Baumgartner a través de la visera del casco.

El experimentado paracaidista austriaco había realizado una primera prueba con el dispositivo completo el pasado mes de marzo, pero solo saltando desde 21.828 metros. En julio ya saltó desde 29.584 metros y alcanzó en caída libre 864 kilómetros por hora. El domingo, tras 2 horas 36 minutos dentro de la cápsula alcanzó los 39.068 metros de altura, casi cuatro veces la altura a la que vuela un avión comercial. Entonces Baumgartner comentó al centro de control que se le estaba empañando un poco la visera del casco aunque no tenía problemas de temperatura.

Poco después abrió la escotilla de la cápsula (una vez igualada la presión exterior e interior), permaneció unos instantes sentado en el borde de la puerta y se lanzó al vacío. Medio minuto después iba ya a mil kilómetros por hora (alcanzó los 1.341,9 kilómetros por hora, según una portavoz de Red Bull Stratos, lo que supera la velocidad del sonido a esa altura).

Tras una vertiginosa caída libre de cuatro minutos y 19 segundos, abrió el paracaídas para descender suavemente al suelo. Llegó de pie e inmediatamente se dejó caer de rodillas. La operación fue filmada con un derroche de medios técnicos.

La misión Al borde del espacio, como la denomina Red Bull, concluía así con un éxito rotundo. Aunque la hazaña fue vendida como un salto casi espacial, en realidad, el espacio está bastante más lejos: 100 kilómetros de altura sobre el suelo es la frontera oficial del espacio; la Estación Espacial Internacional está en órbita a unos 370 kilómetros de altura y los satélites de comunicaciones, a 36,000 kilómetros.

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¿Sabe usted por qué se comporta la gente tan raro en el ascensor?

Por: William Kremer, BBC , PD, 15 10 12, 15 de octubre de 2012

Un ascensor lleno de gente

Es uno de los viajes que muchos de nosotros hacemos con más frecuencia al día. Y, sin embargo, cuando lo hacemos, no podemos evitar experimentar una cierta sensación de ansiedad.

Se trata nada más y nada menos que del viaje en ascensor, un recorrido que a pesar de durar unos pocos segundos nos suele resultar ligeramente incómodo.

"Casi todos nos encerramos en nosotros mismos. Entramos, presionamos el botón y nos quedamos perfectamente quietos", explica a la BBC Lee Gray, investigador de la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos.

Tal es el interés que despierta en Gray el estudio y análisis de esta actividad que la gente lo llama "el hombre del ascensor".

"El elevador se convierte en un espacio interesante, en donde las normas de comportamiento se vuelven extrañas".

"Son ámbitos socialmente curiosos a la vez que muy raros".

Las conversaciones que comenzaron en el hall tienden a extinguirse rápidamente en la densa atmósfera del ascensor. Por lo general entramos y nos damos vuelta para ponernos de frente a la puerta.

Si alguien más entra, puede que tengamos que movernos. Y aquí es donde los pasajeros comienzan a hacer -sin pensarlo- una seguidilla de movimientos semejantes a los pasos de un baile preestablecido.

El baile del ascensor

Cuando estamos solos podemos hacer lo que queremos: la pequeña caja es toda nuestra. Si hay dos personas, cada uno se ubica en una esquina. Pararse en diagonal, es la forma de crear la mayor distancia posible.

Cuando entra una tercera persona, de forma inconsciente formamos un triángulo.

Y, cuando se incorpora una cuarta persona, cada uno se para en una esquina. En caso de que ingrese una quinta, la desafortunada siempre se tiene que situar en ese incómodo centro del ascensor.

A partir de aquí, la cuestión se complica. Las personas que ingresen en ese momento deberán medir la situación apenas se abran las puertas y tomar una decisión inmediata.

Una vez dentro, el protocolo para la mayoría es simple: mirar hacia abajo, o al teléfono.

Pero ¿por qué nos comportamos de forma tan extraña en esta caja que sube y baja?

"Uno no tiene espacio suficiente", dice Babette Renneberg, psicóloga clínica de la Universidad Libre de Berlín, en Alemania.

En un espacio tan pequeño y encerrado se vuelve vital, dice, actuar en una forma que no pueda ser interpretada como amenazadora, rara o ambigua. La manera más fácil de lograrlo es evitando el contacto visual.

El miedo al encierro

Pero hay algo más.

"En alguna parte de nuestra mente nos sentimos ligeramente ansiosos", dice Nick White, un oficinista de Nueva York que tuvo la mala suerte de quedarse atrapado en un ascensor durante cerca de 40 horas.

"No nos gusta estar encerrados. Queremos salir del elevador lo antes posible porque es un lugar un poco repulsivo".

Durante su agonía, White empezó a pensar en otro espacio encerrado que tenemos escondido en algún lugar de nuestra mente: una tumba. Sería comprensible que White se negara a subir otra vez a un elevador. Pero si trabajamos en una ciudad y no nos conformamos con un trabajo de recepcionista, ésta no es una alternativa.

"Siempre me acuerdo de lo que pasó cuando me subo a uno".

"Es algo sobre lo que tienes muy poco control".

Lee Gray, de la Universidad de Carolina del Norte, concuerda que esta sensación de no tener control sobre algo es la principal causa de ansiedad.

"Te encuentras dentro de una máquina que se mueve y que no controlas. No puedes ver el motor y no sabes cómo funciona".

Medio seguro

Esta sensación de pasividad y de estar en las manos de una máquina es más intensa en la era de los ascensores "inteligentes", que no tienen botones.

Después de pasar por un control de seguridad o de apretar un botón en un tablero central, los pasajeros se dirigen hacia un ascensor que está programado para detenerse en el piso al que van, sin necesidad de que éste presione ninguna tecla.

El sistema está diseñado para reducir el número de paradas innecesarias.

Aunque es un sistema más eficiente, no todo el mundo se siente cómodo con él.

Pese a que generan una cierta dosis de ansiedad, Gray asegura que los ascensores -inteligentes o no- son más seguros que los autos, y mucho más seguros aún que las escaleras mecánicas.

"Es de hecho uno de los medios de transporte más seguros. Si miras a los miles de millones de viajes que hacen al año, verás que hay muy pocos accidentes".

Todos lo sabemos, y por eso seguimos tomándolos a diario, a pesar de que nos hagan sentir un poco nerviosos.

"Aprendimos que podemos subirnos a un ascensor sin correr riesgos", dice Renneberg.

"De alguna manera es el triunfo del racionalismo por sobre nuestros instintos más animalísticos".

Quizá la próxima vez que viajemos en uno, podamos reflexionar sobre esta idea.

Eso sí, ni se le ocurra compartirla con sus compañeros de viaje.

LOS ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Siglo I a.C: los romanos usan montacargas con un sistema de poleas empujadas por seres humanos, animales y agua.

1880: fábricas en Inglaterra usan ascensores movidos por energía creada por vapor.

1853: Elisha Graves Otis presenta una válvula de seguridad para evitar que los montacargas se caigan, abriendo el camino para la creación de ascensores para personas.

En la década de 1950: se implementa un sistema de seguridad para cerrar las puertas, eliminando la necesidad de un operador.

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La libertad de los campesinos y de los obreros les pertenece y no puede ni debe sufrir restricción alguna. Corresponde a los propios campesinos y obreros actuar, organizarse, entenderse en todos los dominios de la vida, siguiendo sus ideas y deseos. (Ejercito Negro Makhnovista, Ucrania, 1923).